
Me declaro amante de la naturaleza. Cuando puedo me escapo a algún lugar donde pueda observar la vegetación, el mar o un lago, ya que resulta ser un bálsamo para mi agitada vida.
La búsqueda de nuevos lugares rodeado por la naturaleza, nos llevó a un grupo de compañeros de trabajo a subir al cerro “La campana”. Sus 1.828 mts de altura era un desafío para quienes participaríamos de esa aventura.
Nos juntamos un domingo de Marzo a las 9:00 AM para iniciar esta expedición. Nos tocó justo el cambio de hora. Nos registramos en la caseta de CONAF y listos para la conquista.
El grupo lo integrábamos 9 personas, dos de los cuales eran niños de 10 años. Paul y David. El resto lo conformábamos Christian, mas conocido como “Juan y Medio” quien hacía las veces de guía. Su 1,95 mt, lo hacia siempre visible desde cualquier punto del sendero. También estaba Mónica, mamá de Paul y la Señora “Teruca”, señora cercana a los 55 años pero con una vitalidad envidiable. Completando el grupo, dos parejas de Tortolitos, Jean Paul con su polola y quien les escribe con la de turno, la que aun se mantiene vigente gracias a la paciencia de aguantarme todos estos años.
Ibamos bien equipados, hasta con radios para comunicarnos.
Empezamos la caminata bien abrigados por cierto, con los niños y Juanito en un grupo de avanzada. Nosotros, los viejitos, lo hacíamos con un tranco más lento. El sendero se hacía cada vez más eterno. Una de las cosas que me llamó la atención fue el haber visto la escarcha. Incluso le saqué fotos para que no se me olvidara. Lo que no sabía es que años después, viviría en un lugar donde no existe mañana de invierno que no me acompañe su presencia.
A medida que avanzaba nuestro andar nos íbamos sacando ropa y avanzando con la idea fija de llegar a la cumbre y debíamos esforzarnos mucho para llegar tan pronto como fuera posible a lugares claves como son las aguadas y la mina.
Mientras subíamos, veíamos que la cumbre seguía estando lejos. Lo que nos desmotivaba era ver a otras personas subiendo el cerro con una facilidad que resultaba envidiable. El caminar se hacía lentísimo, pero cumpliendo las horas que nos permitían llegar a nuestro destino. La Señora “Teruca” era la más lenta. Las detenciones se hacían cada vez mas largas ya que se debía recuperar. “Pero si pertenecí al grupo de montañismo Andino y yo subí este cerro”, decía orgullosa. Pero eso había sido hace 30 años atrás. Estoy seguro que lo hizo cuando la tierra estaba todavía tibia. Quizás hasta inauguró el sendero. Hasta pudo haber sido subido con Darwin a este cerro. ¡Vaya uno a saber¡ Yo me comía la rabia de cómo no se daba cuenta que ya no estaba para esos trotes.
Como la 1:00 PM llegamos a la mima. Los chicos y Juan nos estaban esperando hace bastante rato. Descansamos lo suficiente para el asalto final. Dejamos el campamento base y atacamos la cumbre. Estábamos con el tiempo justo ya que si no llegabas a la cima antes de las 3 de la tarde, no era posible regresar a buena hora hasta la entrada del parque. Si la subida hasta la mina fue relativamente difícil, lo que venía resultó ser mucho peor. La señalización a veces era confusa. Existen lugares donde las quebradas resultaban verdaderos precipicios. Recuerdo un sector donde había muchas piedras de gran tamaño que se encontraban sueltas, resultando muy difícil el sostenerse en pie. La altura era considerable, lo que producía vértigo. Mónica fue una de las que dijo, hasta aquí no mas llego. No quería atrasar al grupo. Mientras la señora Teruca era un espectáculo. Verla de cuatro patas avanzando lento pero segura, según ella, y yo con cara de culo de este porte porque no llegaríamos a la cumbre por su culpa. Hubo un momento que estuve a punto de no seguir ya que me dio vértigo, pero en eso una nube nos cubrió y permitió que no viera el fondo de las quebradas. Juanito y sus boys nos avisaron por radio que habían llegado a la cumbre y quedamos tranquilos ya que al menos algunos lo pudieron lograr. Como era cerca de las 3 de la tarde decidimos llegar hasta un punto en que la vista era maravillosa. Ver el valle de Aconcagua desde esa altura nos mostraba toda la majestuosidad de aquel lugar, logrando de algún modo mitigar la pena de no haber llegado a su cumbre. Fotos de rigor y de vuelta La viejuja en cuestión, empezó a bajar junto con nosotros. En uno de sus pasos, una piedra se deslizó y la señora estuvo a punto de convertirse en fiambre, de no ser por el rápido reflejo de Jean Paul que la sujetó de una de sus piernas, quedando literalmente colgando. Yo pensé que con el susto la señora se iría calladita. ¡Que inocente fui! Se lo seguía hablando todo. Pero para colmo, empezó a sentir dolores en la punta de sus pies de tanto esfuerzo en bajar. Cuando llegamos a la mina nos dice que no puede continuar. Eran las 5 de la tarde y empezaba a esconderse el sol. Llamamos por celular al guarda parque y no contestaba. Le dije a Juanito que se llevara a los niños y a Mónica para que dieran aviso que íbamos con una persona con problemas de salud. Partieron rápidamente y los tortolitos empezamos a bajar con ella. Cada paso que daba iba acompañado de un gemido de dolor. Un gemido de esos que se escuchan en las películas XXX ( me han contado). Mi polola estaba con dolores a las rodillas pero se las arreglaba para ir tan rápido como podía. Como a mitad de camino a la señora se le antojó ir al baño. Como quería abonar los árboles nos preguntó quien tenía papel higiénico. Era para largo.Yo con el miedo de que nos quedáramos sin luz trataba de gritarle a lo lejos que se apurara. Llegó renovada, como que se había sacado un peso de encima, pero seguía con dolores en sus pies. Hubo un momento que me pidió que le la ayudara tomándole su mano. Obviamente que la señora no se lavó las manos y yo pensaba en todos esos coliformes que traspasa con su mano sudada a mi mano ¡Que asco!
Los muchachos de avanzada llegaron donde el guardia, pero se encontraron con la sorpresa que se había ido y nos había dejado a nuestra suerte. Para colmo las pilas de las radios se había agotado y yo solo los escuchaba.
En eso, ya cerca de las 6:30 PM ingresamos donde había una frondosa vegetación, lo que producía que no viéramos nada por falta de luz. Como estaba señalizado que el lugar donde nos encontrábamos era la 1° aguada, decidí que ahí esperaríamos que nos fueran a buscar.
Si bien teníamos tres celulares, solo mi teléfono tenía señal. Se me ocurrió llamar a mi mamá para que nos pudiese contactar con alguien y sacarnos de allí. Mi mamá quería llamar al Cuerpo de Socorro Andino. Y le dije que no era para tanto. Me comunicó con la Tenencia de Carabineros de Olmué, visto que CONAF brillaba por su ausencia. Ellos se contactaron con nosotros y nos dijeron que prendiéramos una pequeña fogata para calentarnos y para que nos pudiesen ubicar de mejor manera.
Solo al tacto empezamos a juntar pequeñas ramitas para encenderla. La Señora Teruca sacó papel higiénico que le sobró de su experiencia mística anterior. Juntamos los elementos combustibles y como el único que fumaba era Jean Paul, éste sacó los fósforos para encenderla, dándose cuenta que solo tenía un fósforo. Si un fósforo.Como en la mejor película de suspenso. Lo encendió, cuidando su llama como billete de 20 lucas a fin de mes .Afortunadamente para nosotros prendió sin problemas. Gracias a su luz pudimos ver donde nos hallábamos. Estábamos rodeados de arbustos de gran tamaño. Lo importante era buscar más palos secos para que no se apagara el fuego. Nosotros cuatro buscando palos y la señora nos miraba y seguía hablando sin parar. Ella se notaba muy tranquila, pero tenía frío ya que había bajado mucho la temperatura. Ahí estaba yo para pasarle mi chaqueta. Esta espera duró cerca de dos horas y a medida que pasaba el tiempo, uno se ponía más ansioso de que nos fueran a buscar. De tanto hablar con mis otros colegas se me agotó la pila del celular. Cerca de las 9 de la noche vimos unas luces de auto. Eran los Carabineros que nos venían a rescatar. A los pocos minutos llegaron hasta donde estábamos y nos guiaron hasta el furgón. ¡No se imaginan la felicidad de ver a un paco y de viajar dentro de una cuca! .Estábamos a no mas de tres minutos de la caseta de guardia, pero sin luz, esa distancia se hacía simplemente eterna. Nos encontramos en la caseta de guardia con los demás integrantes de la excursión y nos abrazamos espontáneamente. Tuvimos que dar nuestros datos a los Pacos pero eso era un pelo de la cola de lo agradecido que estábamos. Yo creo que si me hubiesen sacado un parte en ese momento, yo feliz lo pagaba.
Nos retiramos dejando atrás esta experiencia y cansados a no mas no poder.¿ Adivinen quien tuvo que ir a dejar a la famosa Señora? Nuevamente el pastel. Para terminar, cuando la dejé en su casa y se iba bajando del auto me dijo ¿Como estamos la próxima semana para ir al Cajón del Maipo? Señora, tómese un “Ubicol” con agüita "Cachalá".

