
Mientras escucho a los Jaivas, me acuerdo de los viajes que cuando éramos lolos hacíamos con los integrantes de mi grupo de música, “Contracorriente”.
Siempre tratábamos de arrancarnos un fin de semana a esa hermosa caleta donde la mezcla de artesanos y pescadores lo hacía un lugar único.
En ese tiempo teníamos tiempo y no teníamos dinero, así que solo el ingenio hacía posible cualquier aventura que nos permitiera permanecer los días necesarios para buscar experiencias que nos permitiera – según nosotros - componer música.
Yo era el único del grupo que en ese entonces trabajaba, razón por la que llegué al día siguiente al que lo hicieron mis compañeros. Yo los buscaba donde nos habíamos puesto de acuerdo juntarnos, que era el camping que había en ese lugar. Los busqué y no los encontré y como en ese entonces no había celulares la búsqueda se empezó a ser un poco tediosa en aquellos posibles lugares donde podrían estar. Ya cuando estaba por devolverme, desde una tremenda casa, siento que me llaman y ahí estaban los tortolitos, muy acomodados en el patio de una casa donde instalaron la carpa. Las anfitrionas eran dos niñas de nuestra edad que de pura buena onda los dejaron quedarse allí. Como siempre y como regla clásica, una era bastante más bonita que la otra. Cuando las vi me dije, ¡estos compadres encontraron pensión Soto, camping, comida y poto! Pero afortunadamente (o desafortunadamente) se trataba de niñas muy educaditas que no dejarían que las oscuras intenciones de estos veinteañeros pudiesen seducirlas. ¿Como poder pagar tanta hospitalidad? Solo lo podíamos hacerlo cantando. Y así lo hacíamos. Pero había ciertas restricciones. La invitación solo era por el sector del patio y no dentro de la casa. Con suerte nos prestaron la cocina para calentar la comida, pero para no molestarlas limpiábamos las ollas y los platos con arena para solo enjuagarlas con la poco agua que teníamos para ello. Otro problema era el baño donde debíamos realizarlo al igual que nuestros ancestros, cual hombre Cro-Magnon. La verdad que soy de los que sufre si no hay un buen baño, además agregar que no había nada para leer, haciendo de tu deber un saber. Cuando no tengo las comodidades, resulta que como que cierta parte de mi cuerpo toma decisiones por si solas no queriendo terminar el proceso digestivo y como es él que manda, no me queda otra que no comer.
Esto era solo un detalle dado que llegaba la noche y con ello el carrete. Había un concurso en la playa de gente que cantaba y nos inscribimos. Cantamos “Rasguña las piedras” de Sui Generis a pura guitarra. Salimos segundos ya que nos ganó un compadre que cantó un bolero más triste que la cresta. Pero bueno, así son las cosas …. Se contará que algún día que cantamos allí y no ganamos. La cosa era divertirnos así que una sacamos una de pisco y fuimos poniéndole Wendy. En eso, ya terminado el derroche cultural, se formó un grupo de gente en la playa rodeando una pequeña fogata, donde destacaba un compadre con guitarra que se sabía cuanta canción de Silvio Rodríguez le propusieran. Como nos vieron con guitarra, nos preguntaron si queríamos tocar algo, y como lo único que podíamos tocar era guitarra, cantamos una canción nuestra llamada “Hoy la Juventud”, la cual habla de una perspectiva de la juventud bastante idealista como lo dijo el Silvio, pero que resulta muy ad-doc para lo que ocurrió hace poco con la revolución Pingüina. O sea, que nos adelantamos 20 años a lo que iba a suceder después. Cuando nos íbamos y después de varios tragos en nuestro cuerpo, le preguntamos el nombre a Silvio y nos dijo que Álvaro Godoy. Y nos fuimos. El trayecto se hacía un poco largo ya que costaba caminar en línea recta pero igual llegamos a nuestra Suite donde doblados como churros procedimos a dormir, tratando de olvidar la música que se escuchaba desde la disco Gloria que se encontraba a pocos metros de allí.
El nombre Alvaro Godoy me sonaba como conocido, de hecho al otro día les comenté a los chiquillos si no les resultaba familiar, ¡Claro, si es el director de la revista Bicicleta!- me respondía Jorge- la misma revista que contenía cancioneros que yo me conseguía para aprender a tocar guitarra. Para mi pasaba a ser un especie de Gurú. Esa revista era claramente una revista de oposición como la Análisis de ese tiempo, pero mas cultural. ¡y no haberlo aprovechado mas! Bueno hasta el día de hoy puede estar Obama al lado nuestro y a Jorge le va a dar lo mismo.
Al otro día nos encontramos con unos compañeros de Colegio que estaban acampando en la mítica Cau-Cau. Levantamos carpa, literalmente hablando y nos trasladamos hasta allá. La caminata resultaba ser un poco lenta ya que había que subir un pequeño cerro para luego bajar hasta la playa.
Nuestros amigos se encontraban casi al final de la playa, cerca del Bosque. Nos instalamos y disfrutamos de la playa todo el día esperando que llegara la noche. Según se dice esta fue una de las primeras playas nudistas que existieron en Chile. Resulta que ya avanzada la tarde y cuando había poca gente en la playa, un muchacho como nosotros se sacó el traje de baño con una naturalidad digna de admiración y se lanzó al mar. Después de unos minutos, salio del agua con la evidencia clara que la corriente de Humbolt cruzaba por nuestro océano. Es que el agua helada causa más de algún estrago, incluso a mi compadre Mutombo, aquel negrito cuya foto en Internet ha dejado a más de alguno dando explicaciones a sus parejas de que eso no es normal. Ahora entendía del porque esperó a que se fueran las féminas de la playa. Se vistió con la misma naturalidad, agarró su toalla y se fue con rumbo desconocido.
Bien aprovisionados llegó la noche aun cuando llegaron unos vecinos. Eran dos chiquillas más un varón, todos estudiantes de Derecho. Encendimos la fogata, y la guitarra nos hacía de alguna manera convertir ese lugar en una atmosfera mágica que permitía a medida que avanzaba la noche conocer mas a nuestros nuevos amigos y que pasaban a ser hermanos, más aun cuando empezaron a salir las cannabis sativas. En eso, a los primeros acordes de la primera canción, paf!!, Se corta una cuerda de la guitarra. No importa, salud por eso- se escuchó- golpeando nuestros vasos plásticos. Esto por supuesto acompañado por su respectivo OMA, señal inequívoca del traspaso del papelillo con su respectiva pinza. Mientras arreglábamos el mundo se escuchó un ruido ya familiar, paf!! Otra cuerda que se cortaba. No importa, seguimos tomando. Casi al instante paf ¡! Otra cuerda menos. Esto ya parecía sacado de una cámara indiscreta. Bueno, el problema no era que nos estábamos quedando sin cuerdas sino que se nos estaba acabando el copete y era imposible ir a comprar dada la oscuridad donde nos encontrábamos. Cuando ya nos estábamos resignando a la zona seca aparecieron dos tipos con una niña, todos vestidos de blanco quienes al vernos nos preguntaron si podían participar en la fogata con nosotros mostrándonos entre sus manos una botella de Control Sour. Vista la necesidad de seguir bebiendo, dijimos al unísono ¡por supuesto! El de la botella nos la entregó diciéndonos que irían a avisar a sus amigos que estarían con nosotros y volverían. Pasaron como veinte minutos y nosotros no queríamos abrir la botella sin que estuvieran presentes aquellos a quienes le debíamos tamaño gesto de bondad. Tomemos un poquito, total ya van a llegar- dijo un contertulio, lo que fue aceptado por toda la tribu quedando la mitad de la botella. Una hora después, preocupados porque que aun no llegaban, decidimos tomarnos el resto, no sino antes brindar por ellos, como que con eso nos quedábamos con la conciencia tranquila. Finalmente nunca llegaron.
A medida que avanzaba la noche, la mezcla causaba estrago en el futuro abogado, quien llamaba a Waldo y Guajardo, de rodillas en la arena como pidiendo perdón por lo hecho. No faltó esa amiga fiel que lo acompañó en ese momento, mientras la otra se mataba de la risa de lo que estaba viendo, clara muestra de cual hacía el papel de señora y cual hacía el papel de su amante. Cuando me acosté en la arena mirando el cielo y vi las estrellas de color verde, me dije- es tiempo de dormir. Así que esa fue mi actuación por ese día. Al otro día tenía a todo el Consejo de Todas las Tierras con Aucán Huilcamán en mi cabeza, pero nada que un mariscal no pudiese remediar y componer nuestros cuerpos.
Esa fue una muy buena experiencia que me deja claro que aunque no sea creyente, deja abierta la posibilidad de creer en un ser superior ya que fuimos testigos de la aparición de tres Ángeles con esa botella, como enviados por Tatita ante nuestras suplicas.
Como lo dije anteriormente, en ese tiempo no teníamos dinero y si tiempo, hoy no tenemos dinero ni tiempo pero tratamos de seguir con nuestra música.
Hace mucho tiempo que no voy para esos lados, pero según tengo entendido por quienes han ido para allá, este balneario ya pasó a ser parte del sector ABC1 quienes con sus condominios y departamentos de fin de semana han quitado mucho de ese encanto especial del Horcón de ese entonces y del que fuimos sus testigos privilegiados.
Siempre tratábamos de arrancarnos un fin de semana a esa hermosa caleta donde la mezcla de artesanos y pescadores lo hacía un lugar único.
En ese tiempo teníamos tiempo y no teníamos dinero, así que solo el ingenio hacía posible cualquier aventura que nos permitiera permanecer los días necesarios para buscar experiencias que nos permitiera – según nosotros - componer música.
Yo era el único del grupo que en ese entonces trabajaba, razón por la que llegué al día siguiente al que lo hicieron mis compañeros. Yo los buscaba donde nos habíamos puesto de acuerdo juntarnos, que era el camping que había en ese lugar. Los busqué y no los encontré y como en ese entonces no había celulares la búsqueda se empezó a ser un poco tediosa en aquellos posibles lugares donde podrían estar. Ya cuando estaba por devolverme, desde una tremenda casa, siento que me llaman y ahí estaban los tortolitos, muy acomodados en el patio de una casa donde instalaron la carpa. Las anfitrionas eran dos niñas de nuestra edad que de pura buena onda los dejaron quedarse allí. Como siempre y como regla clásica, una era bastante más bonita que la otra. Cuando las vi me dije, ¡estos compadres encontraron pensión Soto, camping, comida y poto! Pero afortunadamente (o desafortunadamente) se trataba de niñas muy educaditas que no dejarían que las oscuras intenciones de estos veinteañeros pudiesen seducirlas. ¿Como poder pagar tanta hospitalidad? Solo lo podíamos hacerlo cantando. Y así lo hacíamos. Pero había ciertas restricciones. La invitación solo era por el sector del patio y no dentro de la casa. Con suerte nos prestaron la cocina para calentar la comida, pero para no molestarlas limpiábamos las ollas y los platos con arena para solo enjuagarlas con la poco agua que teníamos para ello. Otro problema era el baño donde debíamos realizarlo al igual que nuestros ancestros, cual hombre Cro-Magnon. La verdad que soy de los que sufre si no hay un buen baño, además agregar que no había nada para leer, haciendo de tu deber un saber. Cuando no tengo las comodidades, resulta que como que cierta parte de mi cuerpo toma decisiones por si solas no queriendo terminar el proceso digestivo y como es él que manda, no me queda otra que no comer.
Esto era solo un detalle dado que llegaba la noche y con ello el carrete. Había un concurso en la playa de gente que cantaba y nos inscribimos. Cantamos “Rasguña las piedras” de Sui Generis a pura guitarra. Salimos segundos ya que nos ganó un compadre que cantó un bolero más triste que la cresta. Pero bueno, así son las cosas …. Se contará que algún día que cantamos allí y no ganamos. La cosa era divertirnos así que una sacamos una de pisco y fuimos poniéndole Wendy. En eso, ya terminado el derroche cultural, se formó un grupo de gente en la playa rodeando una pequeña fogata, donde destacaba un compadre con guitarra que se sabía cuanta canción de Silvio Rodríguez le propusieran. Como nos vieron con guitarra, nos preguntaron si queríamos tocar algo, y como lo único que podíamos tocar era guitarra, cantamos una canción nuestra llamada “Hoy la Juventud”, la cual habla de una perspectiva de la juventud bastante idealista como lo dijo el Silvio, pero que resulta muy ad-doc para lo que ocurrió hace poco con la revolución Pingüina. O sea, que nos adelantamos 20 años a lo que iba a suceder después. Cuando nos íbamos y después de varios tragos en nuestro cuerpo, le preguntamos el nombre a Silvio y nos dijo que Álvaro Godoy. Y nos fuimos. El trayecto se hacía un poco largo ya que costaba caminar en línea recta pero igual llegamos a nuestra Suite donde doblados como churros procedimos a dormir, tratando de olvidar la música que se escuchaba desde la disco Gloria que se encontraba a pocos metros de allí.
El nombre Alvaro Godoy me sonaba como conocido, de hecho al otro día les comenté a los chiquillos si no les resultaba familiar, ¡Claro, si es el director de la revista Bicicleta!- me respondía Jorge- la misma revista que contenía cancioneros que yo me conseguía para aprender a tocar guitarra. Para mi pasaba a ser un especie de Gurú. Esa revista era claramente una revista de oposición como la Análisis de ese tiempo, pero mas cultural. ¡y no haberlo aprovechado mas! Bueno hasta el día de hoy puede estar Obama al lado nuestro y a Jorge le va a dar lo mismo.
Al otro día nos encontramos con unos compañeros de Colegio que estaban acampando en la mítica Cau-Cau. Levantamos carpa, literalmente hablando y nos trasladamos hasta allá. La caminata resultaba ser un poco lenta ya que había que subir un pequeño cerro para luego bajar hasta la playa.
Nuestros amigos se encontraban casi al final de la playa, cerca del Bosque. Nos instalamos y disfrutamos de la playa todo el día esperando que llegara la noche. Según se dice esta fue una de las primeras playas nudistas que existieron en Chile. Resulta que ya avanzada la tarde y cuando había poca gente en la playa, un muchacho como nosotros se sacó el traje de baño con una naturalidad digna de admiración y se lanzó al mar. Después de unos minutos, salio del agua con la evidencia clara que la corriente de Humbolt cruzaba por nuestro océano. Es que el agua helada causa más de algún estrago, incluso a mi compadre Mutombo, aquel negrito cuya foto en Internet ha dejado a más de alguno dando explicaciones a sus parejas de que eso no es normal. Ahora entendía del porque esperó a que se fueran las féminas de la playa. Se vistió con la misma naturalidad, agarró su toalla y se fue con rumbo desconocido.
Bien aprovisionados llegó la noche aun cuando llegaron unos vecinos. Eran dos chiquillas más un varón, todos estudiantes de Derecho. Encendimos la fogata, y la guitarra nos hacía de alguna manera convertir ese lugar en una atmosfera mágica que permitía a medida que avanzaba la noche conocer mas a nuestros nuevos amigos y que pasaban a ser hermanos, más aun cuando empezaron a salir las cannabis sativas. En eso, a los primeros acordes de la primera canción, paf!!, Se corta una cuerda de la guitarra. No importa, salud por eso- se escuchó- golpeando nuestros vasos plásticos. Esto por supuesto acompañado por su respectivo OMA, señal inequívoca del traspaso del papelillo con su respectiva pinza. Mientras arreglábamos el mundo se escuchó un ruido ya familiar, paf!! Otra cuerda que se cortaba. No importa, seguimos tomando. Casi al instante paf ¡! Otra cuerda menos. Esto ya parecía sacado de una cámara indiscreta. Bueno, el problema no era que nos estábamos quedando sin cuerdas sino que se nos estaba acabando el copete y era imposible ir a comprar dada la oscuridad donde nos encontrábamos. Cuando ya nos estábamos resignando a la zona seca aparecieron dos tipos con una niña, todos vestidos de blanco quienes al vernos nos preguntaron si podían participar en la fogata con nosotros mostrándonos entre sus manos una botella de Control Sour. Vista la necesidad de seguir bebiendo, dijimos al unísono ¡por supuesto! El de la botella nos la entregó diciéndonos que irían a avisar a sus amigos que estarían con nosotros y volverían. Pasaron como veinte minutos y nosotros no queríamos abrir la botella sin que estuvieran presentes aquellos a quienes le debíamos tamaño gesto de bondad. Tomemos un poquito, total ya van a llegar- dijo un contertulio, lo que fue aceptado por toda la tribu quedando la mitad de la botella. Una hora después, preocupados porque que aun no llegaban, decidimos tomarnos el resto, no sino antes brindar por ellos, como que con eso nos quedábamos con la conciencia tranquila. Finalmente nunca llegaron.
A medida que avanzaba la noche, la mezcla causaba estrago en el futuro abogado, quien llamaba a Waldo y Guajardo, de rodillas en la arena como pidiendo perdón por lo hecho. No faltó esa amiga fiel que lo acompañó en ese momento, mientras la otra se mataba de la risa de lo que estaba viendo, clara muestra de cual hacía el papel de señora y cual hacía el papel de su amante. Cuando me acosté en la arena mirando el cielo y vi las estrellas de color verde, me dije- es tiempo de dormir. Así que esa fue mi actuación por ese día. Al otro día tenía a todo el Consejo de Todas las Tierras con Aucán Huilcamán en mi cabeza, pero nada que un mariscal no pudiese remediar y componer nuestros cuerpos.
Esa fue una muy buena experiencia que me deja claro que aunque no sea creyente, deja abierta la posibilidad de creer en un ser superior ya que fuimos testigos de la aparición de tres Ángeles con esa botella, como enviados por Tatita ante nuestras suplicas.
Como lo dije anteriormente, en ese tiempo no teníamos dinero y si tiempo, hoy no tenemos dinero ni tiempo pero tratamos de seguir con nuestra música.
Hace mucho tiempo que no voy para esos lados, pero según tengo entendido por quienes han ido para allá, este balneario ya pasó a ser parte del sector ABC1 quienes con sus condominios y departamentos de fin de semana han quitado mucho de ese encanto especial del Horcón de ese entonces y del que fuimos sus testigos privilegiados.

