Etiquetas

miércoles, 4 de marzo de 2009

Un dia con un Prisionero


Como a menudo sucede siempre cuando me invitan a un cumpleaños, empieza esa dura tarea de imaginar que cosa será del gusto del festejado. Decidí junto con Angélica el ir al Jumbo de Viña, donde un Domingo se haría menos tediosa la compra del regalo.
Estando en el supermercado me percaté de que no estaban tocando esa música orquestada que nosotros bailábamos cuando eras más jóvenes, signo inequívoco que ya somos adultos jóvenes, y que ya se hace habitual escuchar en esas incursiones mercantiles. La música era otra, era de “Los Prisioneros”. Raro escucharlo ahí, por decirlo menos, sabiendo lo que representaron en la época de dictadura.
Pronto veríamos el porqué de esto. Cerca del lugar donde deberíamos buscar el regalo para mi sobrina se encontraba Claudio Narea, el mítico guitarrista de esta banda, quien estaba autografiando su Libro “Mi vida como Prisionero”, el que por supuesto estaba a la venta.
Hicimos como diez minutos una fila de no más de 10 personas. Se veía un tipo súper sencillo, tranquilo, como gozando de cada conversación con cada uno de quienes tomaban asiento frente a la mesa donde firmaba los libros. Quizás era que tal como me imaginaba. El se daba tiempo suficiente como para conversar con cada uno de nosotros, para luego terminar con un libro autografiado, una foto y un apretón de mano, todo esto por la módica suma de $10.000.
Confieso que me sentía un poco nervioso ante un músico de tal renombre, mas que nada por lo que representaba. Nos toco nuestro turno. Familia completa, nuestro hijo Matías de tres años incluido. Partió señalando que también tenía una hija de la misma edad que andaba por esos lados junto con su señora. Ahí empezó mi otra faceta, la de entrevistador, consultándole todo cuanto pude y sacándole el jugo a las diez Lucas.
Bien simpático el compadre. Le mencioné que yo también era músico, que tenia un grupo desde hace 20 años, claro que solo nos conocemos nosotros.
Le comentaba que también estaba experimentando esto de la escritura, de lo raro que resultaba no sentir ese feedback instantáneo que uno siente al percibir el aplauso del público en un concierto. El nos contaba que la gente le decía que le había gustado el libro. Como no lo habíamos leído, no podíamos opinar al respecto. Sobre su libro nos dijo que se había demorado muy poco en escribirlo, que era todo de su puño y letra. Sentía que su libro era como leer a Papelucho. Claro que Papelucho nunca hizo mierda a su hermana Ji en sus cuentos. Le comentaba que debía sentirse feliz de haber vivido de la música, cosa que por lo menos a mí me hubiese gustado hacerlo, señalándonos que si pero que su vida musical tuvo costos personales importantes y fue la causa de querer escribir su experiencia.
Nos contaba que si bien seguía haciendo música, sabía que no podía tener la misma masividad que con “Los prisioneros”. Aun existía gente que se interesaba en su música. De hecho, nos comentaba que venía de hacer música con Miguel Tapia, quien siempre fue el compinche de González, lo que notaba felicidad al contarlo.
Ya a esa altura como que tomamos confianza y Claudio, se reía de mis tonteras. Yo pensaba en las vueltas de la vida que nos llevaba a ser cosas que uno nunca pensaba hacer años atrás , por ejemplo, ver a un Prisionero en el Jumbo vendiendo sus libros, con todo lo que representa esta empresa. Bueno, esta claro que si va a la Pincoya, de seguro firmaría puros libros pirateados.
Yo también estaba con el contrasentido de haber ido con mi buzo Adidas, al igual que Fidel, y comprar allí, donde va pura gente “lenda”.

Autografía de rigor, beso, apretón de mano. Lastima que no teníamos cámara en nuestros celulares, quedando de manifiesto que no somos del tipo de clientes que habitualmente compran allí. Una lastima por Claudio, quien de seguro habría quedado feliz con el recuerdo de nuestra foto para que pudiese decir a su círculo más cercano que tuvo la oportunidad de hablar con nosotros.

No hay comentarios: