
Es increíble como a medida que uno lleva a la memoria aquellos momentos ya pasados, empiezan a salir nuevos relatos. A raíz de los anteriores relatos tuve la oportunidad de compartir con mis amigos de infancia y recordar aquellos juegos que eran parte de nuestra vida diaria.
En el caso de los hombres, parece que tenemos un chip interno que nos lleva a caminar y a aprender a patear una pelota al mismo tiempo. Es por eso que la memoria nos lleva a recordar las veces que jugábamos con nuestros Papas al igual como lo hacemos hoy con nuestros hijos. Si el Papá había sido bueno para el fútbol, lógicamente quería que su retoño siguiera sus mismos pasos. Pero ¿pero que sucedía si al hijo no le gustaba mucho el fútbol? Tu papá, para incentivarte, te inscribía en una escuela de Fútbol, donde había como 100 niños. Cuando se hacían partidos, todos iban detrás de la pelota. Si le pegabas a la pelota tres veces durante todo el partido, eras la figura de la cancha.
Nosotros en Recreo no teníamos una cancha cerca, por lo tanto debíamos jugar fútbol en la escuela o en la calle después de clases. En la escuela jugábamos con cualquier cosa que se pudiera “chutear”.Tapas de bebida de metal era una excusa suficiente para la pichanga del recreo. La cosa se ponía mejor era cuando contábamos con la pelota de trapo, la que con el trajín del juego no duraba mas de dos recreos y vuelta a la tapa. Si la economía familiar lo permitía, algún compañero llegaba con una pelota de plástico. Era impresionante como zigzagueaba en el aire. Teníamos que tener cuidado de no pegarle un cabezazo justo donde se unían las partes de la pelota, ya que era súper dura. Para que decir si jugábamos en invierno, con mucho frío y te llegaba un pelotazo en la nariz. Que dolor!
La pelota de cuero de 32 cascos era la vedette de “La Pichanga de Barrio”, la que se ocupaba en el “Vicente Reyes Stadium”, cuya calle del mismo nombre albergaba a grandes jugadores de distintas edades. Era una calle multicancha, ya que bastaban solo dos piedras grandes para hacer los arcos y empezaba la emoción .Y si se quería usar de calle, se sacaban. No faltaba el desubicado automovilista que se le ocurría ocupar la calle para pasar en medio de tremenda pichanga!! Eso no tenía perdón!!
Como vivíamos en cerro, los delanteros eran los que mas sufrían, ya que si el arquero no atajaba la pelota, ésta corría pendiente abajo, lo que significaba buenos minutos perdidos ya que debíamos esperar que el desafortunado jugador se recuperara de tan importante esfuerzo. Ya con tres carreras estabas listo para abandonar la cancha.
La consigna era “el que la tira la va a buscar”. Producto de la intensidad del juego, nuestro vocabulario dejaba bastante que desear, “¡suéltala poh weo…..!” “¡tirala aquí, aquí,………..Putas que la cagaste!”, “!¿Como se te pudo ir ese gol Weo…..?” y así otras tantas frases que molestaba a mas de alguna vecina que nos gritaba para que dejásemos de decir garabatos. Pero que importaba, ¡!si éramos todos amigos, hermanos en el deporte rey!!
Recuerdo que una vez recibí un pase largo, y mientras corría, veía como la pelota tomaba una dirección elíptica. La podía tomar de primera, a media altura para darle de media chilena y anotar así el gol del partido, que digo, el mas lindo gol hecho en esa “cancha”. Solo hubo un problema. No le pegué bien a la pelota y se fue derecho a la ventana de la casa de la vieja que nunca devolvía las pelotas que caían en su patio. Ruido de vidrios quebrados. Los jugadores abandonaron rápidamente la cancha, apretando cachete, dejándome solo en tal momento difícil que daba por terminado el partido, por lo que hice lo propio.
Esperé como dos días, a ver si a la vieja se le había pasado la rabia y recuperar así la pelota. Ahí fui. Apechugando. Puse la mejor cara de weon bueno posible, como para que la vieja se pudiese dar cuenta que todo había sido producto de las ansias de querer anotar el gol de mi vida. El resultado: fue una de las tantas pelotas que la vieja no quiso entregar.
Si no eras bueno para la pelota, quedaban otras alternativas como las bolitas. El juego consistía en pegarle a la bolita contraria para luego dejar la tuya en un hoyito hecho en la tierra para tal efecto. Si le pegabas decías ¡“Schita”! Jugábamos con bolitas de Cristal, de tamaño pequeño o grande llamados “Bolones”, las cuales uno raspaba para que quedara con textura áspera y así poder tomarla mejor al momento de apuntar a la bola contraria. Estaban las otras bolitas hechas de baldosa llamadas “Tiroico”, a demás de como las perillas de catre rellenas de plomo y las bolitas de acero. La idea es que si tu ganabas te llevabas el numero de bolitas apostadas.¿alguno de ustedes que jugó a las bolitas respetó alguna vez la distancia de la cuarta que se hacía con la mano? Me declaro un tramposo, y así me llenaba de bolitas, las que guardaba en un envase plástico de shampoo Kent.
Si no eras bueno para ese juego, estaba la posibilidad de jugar al montoncito, que era dar vuelta una cierta cantidad de láminas de álbumes (que en ese tiempo abundaban) golpeándolas con la mano ahuecada. La cantidad de laminas que dabas vuelta eran tuyas.
De tanto ganar laminas, podías llenar tu álbum. No faltaban los ambulantes que te vendían por separado las láminas “claves” que no se obtenían comprando los sobres y que eran necesarios para completarlos. De esos Álbumes recuerdo “El cuerpo Humano “, "Historia del hombre", “Flora y Fauna” de Mundicrom, las que te daban unas chapitas ZOOCOLOR que colocabas en los rayos de las bicicletas, “El mundo de los ¿Por que?” y el de Disney.
Si aun esos juegos no eran para ti, el yo-yo quizás podría darte la posibilidad de entretenerte. La Coca Cola sacó una promoción importante de Yo-Yos Russell, que se distinguían por los colores: estaba el Profesional ( rojo), el Imperial( negro), Super, etc.
Lo mas fácil era hacer “El Perrito”( no confundir a lo perrito), la vuelta al mundo , el columpio y la mas difícil era la torre Eifel.
En el caso de los hombres, parece que tenemos un chip interno que nos lleva a caminar y a aprender a patear una pelota al mismo tiempo. Es por eso que la memoria nos lleva a recordar las veces que jugábamos con nuestros Papas al igual como lo hacemos hoy con nuestros hijos. Si el Papá había sido bueno para el fútbol, lógicamente quería que su retoño siguiera sus mismos pasos. Pero ¿pero que sucedía si al hijo no le gustaba mucho el fútbol? Tu papá, para incentivarte, te inscribía en una escuela de Fútbol, donde había como 100 niños. Cuando se hacían partidos, todos iban detrás de la pelota. Si le pegabas a la pelota tres veces durante todo el partido, eras la figura de la cancha.
Nosotros en Recreo no teníamos una cancha cerca, por lo tanto debíamos jugar fútbol en la escuela o en la calle después de clases. En la escuela jugábamos con cualquier cosa que se pudiera “chutear”.Tapas de bebida de metal era una excusa suficiente para la pichanga del recreo. La cosa se ponía mejor era cuando contábamos con la pelota de trapo, la que con el trajín del juego no duraba mas de dos recreos y vuelta a la tapa. Si la economía familiar lo permitía, algún compañero llegaba con una pelota de plástico. Era impresionante como zigzagueaba en el aire. Teníamos que tener cuidado de no pegarle un cabezazo justo donde se unían las partes de la pelota, ya que era súper dura. Para que decir si jugábamos en invierno, con mucho frío y te llegaba un pelotazo en la nariz. Que dolor!
La pelota de cuero de 32 cascos era la vedette de “La Pichanga de Barrio”, la que se ocupaba en el “Vicente Reyes Stadium”, cuya calle del mismo nombre albergaba a grandes jugadores de distintas edades. Era una calle multicancha, ya que bastaban solo dos piedras grandes para hacer los arcos y empezaba la emoción .Y si se quería usar de calle, se sacaban. No faltaba el desubicado automovilista que se le ocurría ocupar la calle para pasar en medio de tremenda pichanga!! Eso no tenía perdón!!
Como vivíamos en cerro, los delanteros eran los que mas sufrían, ya que si el arquero no atajaba la pelota, ésta corría pendiente abajo, lo que significaba buenos minutos perdidos ya que debíamos esperar que el desafortunado jugador se recuperara de tan importante esfuerzo. Ya con tres carreras estabas listo para abandonar la cancha.
La consigna era “el que la tira la va a buscar”. Producto de la intensidad del juego, nuestro vocabulario dejaba bastante que desear, “¡suéltala poh weo…..!” “¡tirala aquí, aquí,………..Putas que la cagaste!”, “!¿Como se te pudo ir ese gol Weo…..?” y así otras tantas frases que molestaba a mas de alguna vecina que nos gritaba para que dejásemos de decir garabatos. Pero que importaba, ¡!si éramos todos amigos, hermanos en el deporte rey!!
Recuerdo que una vez recibí un pase largo, y mientras corría, veía como la pelota tomaba una dirección elíptica. La podía tomar de primera, a media altura para darle de media chilena y anotar así el gol del partido, que digo, el mas lindo gol hecho en esa “cancha”. Solo hubo un problema. No le pegué bien a la pelota y se fue derecho a la ventana de la casa de la vieja que nunca devolvía las pelotas que caían en su patio. Ruido de vidrios quebrados. Los jugadores abandonaron rápidamente la cancha, apretando cachete, dejándome solo en tal momento difícil que daba por terminado el partido, por lo que hice lo propio.
Esperé como dos días, a ver si a la vieja se le había pasado la rabia y recuperar así la pelota. Ahí fui. Apechugando. Puse la mejor cara de weon bueno posible, como para que la vieja se pudiese dar cuenta que todo había sido producto de las ansias de querer anotar el gol de mi vida. El resultado: fue una de las tantas pelotas que la vieja no quiso entregar.
Si no eras bueno para la pelota, quedaban otras alternativas como las bolitas. El juego consistía en pegarle a la bolita contraria para luego dejar la tuya en un hoyito hecho en la tierra para tal efecto. Si le pegabas decías ¡“Schita”! Jugábamos con bolitas de Cristal, de tamaño pequeño o grande llamados “Bolones”, las cuales uno raspaba para que quedara con textura áspera y así poder tomarla mejor al momento de apuntar a la bola contraria. Estaban las otras bolitas hechas de baldosa llamadas “Tiroico”, a demás de como las perillas de catre rellenas de plomo y las bolitas de acero. La idea es que si tu ganabas te llevabas el numero de bolitas apostadas.¿alguno de ustedes que jugó a las bolitas respetó alguna vez la distancia de la cuarta que se hacía con la mano? Me declaro un tramposo, y así me llenaba de bolitas, las que guardaba en un envase plástico de shampoo Kent.
Si no eras bueno para ese juego, estaba la posibilidad de jugar al montoncito, que era dar vuelta una cierta cantidad de láminas de álbumes (que en ese tiempo abundaban) golpeándolas con la mano ahuecada. La cantidad de laminas que dabas vuelta eran tuyas.
De tanto ganar laminas, podías llenar tu álbum. No faltaban los ambulantes que te vendían por separado las láminas “claves” que no se obtenían comprando los sobres y que eran necesarios para completarlos. De esos Álbumes recuerdo “El cuerpo Humano “, "Historia del hombre", “Flora y Fauna” de Mundicrom, las que te daban unas chapitas ZOOCOLOR que colocabas en los rayos de las bicicletas, “El mundo de los ¿Por que?” y el de Disney.
Si aun esos juegos no eran para ti, el yo-yo quizás podría darte la posibilidad de entretenerte. La Coca Cola sacó una promoción importante de Yo-Yos Russell, que se distinguían por los colores: estaba el Profesional ( rojo), el Imperial( negro), Super, etc.
Lo mas fácil era hacer “El Perrito”( no confundir a lo perrito), la vuelta al mundo , el columpio y la mas difícil era la torre Eifel.
Había otro juego clasico en los cumpleaños como era el “Paco o Ladron”. Como verán, desde chico sufrimos represión. Otro juego era El Lobo con la canción “Juguemos en el bosque mientras el lobo está, Lobo está?” . ¡Señores, si no había copete a los 8 años, con algo había que divertirse!
Infaltable era el jugar con autos de colección como eran los Matchbox, que eran metalicos y no de plasticos como ahora.
Ya mas grandes jugabamos al “El caballito de bronce”, aguantando el peso de todo quien se tirara encima de ti. Todo un desafío para nuestra incipiente espalda.
Si aun esos juegos no te entretenían, tenias la posibilidad de esperar la pascua para que te regalaran raquetas de Baminton. ¿por qué la insistencia de regalarnos esas raquetas,(harto malas por cierto), con una plumilla y una red toda picante?! Ni para Tenis servía ya que al primer raquetazo con la pelota de tenis, se doblaba el fierroy se hacía mierda la raqueta. ¡Un desastre! En todo caso este deporte es grito y plata en el Asia.
Pero si el tenis era tu vocación, que mejor que jugar en el ““Vicente Reyes Stadium” nuevamente, pero esta vez con paletas. La red era imaginaria y si ya tenías que correr con la pelota de fútbol, imagínense las carreras cuesta abajo con la pelota de tenis.
La Bicicleta también te permitía desarrollar tus habilidades. La mini CIC la llevaba. Yo tenia una celestel que era de mi hermana, pero que murió en mis manos.¿ cuantas sacadas de cresta me dí con ese invento humano? Vivía cerca de una plaza de Recreo, lugar donde nos juntábamos a andar con los muchachos del barrio, echando carreras. Estaban también las bicicletas Monarch que eran como imitaciones de la CIC. Más top era quien tenía una “Caloi” con una palanca de tres cambios. Su diseño era con un asiento alargado. Pero quien era ya considerado torpísimo era el que tenia una Oxford, que también tenía palanca de cambios, pero su diseño y la luz que tenía adelante que brillaba cuando tocaba “el timbre” , la hacía deseado por todos.
Recuerdo que en una oportunidad, en la plaza habían dejado un cerro de de abono para las plantas, mezcla de tierra de hojas y guano de caballo, la que servía de trampolín y así hacer piruetas en el aire. Al otro día fuimos nuevamente. Esta vez era una carrera de quien llegaba primero. Me adelante al resto, vi el montículo, pedalee, apunté y ¡sacaron la mitad del centro del cerro!, o sea, me fui de hocico al suelo. Creo que hasta comí guano.
En otra oportunidad estábamos haciendo piruetas, levantando la rueda delantera para ver cuanto avanzábamos con una sola. En mi primer intento levanto la rueda y ¡la rueda se salio de la bicicleta y nuevamente al suelo!! Las piruetas no eran mi fortaleza! De hecho aun la busco.
También existían los juegos de salón como lo era “La gran Capital” o “Metropolis”. Como que ese juego nos iba un poco preparando a lo somos hoy. De hecho yo creo que desde ese tiempo que ya le debo plata al banco. Además te preparaba para ir relacionandose con usureros , ya que si llegabas a una propiedad que ya había sido comprada por otro, te pegaban el tremendo palo $$$$$.
Si aun eso tampoco te producía entretención, entonces debías echar mano a tu ingenio para que tu papá te regalase una autopista TAYCO. Uno veía en la tele como tenían auto comandos que cambiaban de pista, se cruzaban, deban vuelta como montaña rusa y seguían en carrera. Yo pedí uno. El resultado nefasto! Parece que los viejos no entendían que cuando pedía una Tayco, era una Tayco y no otra cosa. Claro uno no tenía idea que la Tayco costaba 5 veces mas que una común y corriente. Para hacer el cuento corto, les contaré que el control del auto era un botón, o sea, ninguna opción de controlar la velocidad. Nunca pude dar una vuelta completa ya que a la primera curva, salía volando, como que la pista hubiese sido diseñada por Eliseo Salazar. Y si por esas cosas de la vida, lograba pasar la primera vuelta, la pista tenia un cruce donde chocaban los autos. Yo creo que si en ese tiempo, hubiese existido el Sernac, los hubiese denunciado. Nunca dió una vuelta completa! Más encima usaba pilas medianas. ¡Pilas medianas! ¿Dónde te vendían “pilas medianas”?.
Mejor jugar a los comandos, total la imaginación daba para mucho. Uno tenía unas pistolas de plástico. Otros tenían metralletas que venían con un set de soldado, con granadas y todo. Si te regalaban un set de policías, podías usar esposas plásticas para cuando detuvieras a tu enemigo. Uno gritaba ¡ Ta, Ta, Ta!, emulando el ruido de las balas si eran pistolas y ¡ratatatatatá!, si era metralleta. De hecho si tenias una de ellas tenias mas opción de ganar por tener mas balas que disparar . Esas eran las reglas del juego. Si eras más suertudo, te podían regalar una pistola a fulminantes, que era una tira de papel con puntos de pólvora que al percutir sonaban como balas. Si eras más Top, podías utilizar una pistola a fogueo, que venía con unos círculos rojos cuyo sonido era lo más parecido a la realidad y que no dejaban la estela de humo que las de fulminante.
Dentro de la tontera que significaba los juegos bélicos, se cultivaba el compañerismo y la honestidad. Compañerismo porque la idea era avanzar por espacio enemigo, pero siempre cubierto por tu compañero quien te cubría la espalda y eso era sabido por tus oponentes. Y honestidad porque cuando escuchabas un ¡ta, ta, ta! Y alguien te decía ¡te di, estas muerto! Eso era lapidario. Estabas muerto y no había caso. A lo más preguntabas donde te habían dado. ¡te dí en el brazo!-decía el francotirador- orgulloso de tal hazaña. Y tú quedabas recriminándote de cómo pudiste dejar tu extremidad a la vista. Mi padre contaba que usaba mandíbulas de animal como pistola. Yo una pistola de plástico. Al menos era un avance generacional.
Tuve unos “Woki-tokys”( Walkie-talkie). Entretenido. Solo podías jugar con otro niño, ya que si el grupo que jugabas era de más personas, se convertía en una pelea quien se quedaba con el segundo aparato. Su alcance era poco, pero se escuchaba y eso era genial! Atrás quedaban los vasos unidos a un hilo. Recuerdo que escuchaba hartas conversaciones de radios aficionados y uno por más que quería ingresar a ellas, no había caso. Fue “el juguete” de esa navidad.
¿Se acuerdan de los primeros “Games Boy”? Esos que eran unos recipientes de agua que tenían unos botones que tiraba un chorro de agua, lo que hacía mover las pelotitas o argollas y las dejaba en suspensión. La idea era apuntarle a los recipientes que te daban mayor puntaje.
¿Se acuerdan del Cubo de Rubik? ¿Cuántas horas gastamos de nuestro tiempo en poder armar todas las caras del famoso cubo? Muchos daban las soluciones, yo con Suerte hice solo una cara. Pero no había caso.¿Mi solución? Sacar la etiqueta de color de cada cuadradito e ir pegando cada cara con su color.
Termino este relato con juegos tecnológicamente más avanzados como lo eran los “Tele-Pong” que era una pantalla negra en tu televisor con dos o cuatro palos chicos que te servían de paleta a la pelota que se movía de un lado para otro. Novedoso, pero al poco tiempo te aburrías. Este juego fue el precursor del ATARI. Poder jugar video en tu casa era sencillamente sensacional!!. No todos teníamos acceso a ese tipo de juegos, pero donde había uno, ahí estábamos. Los monos con los que uno jugaba eran cuadrados, harto feos, pero para ese tiempo daba lo mismo. “Space invaders”, “Basketball”, “Poker” eran algunos de estos juegos donde se debía ingresar una cassete a la consola principal, esperar unos minutos para cargar y a Jugar!!
Esto dio paso luego a los Nintendo y luego a los Play Station y ha dado inicio a una generación donde todo es desechable. Nuestros hijos quizás no tienen la oportunidad de tener las áreas verdes con los que contábamos nosotros, lo que nos permitía jugar con imaginación y creatividad. De nosotros depende que muchos de esos juegos se mantengan en el tiempo.Mejor jugar al “teto”………(Finito)



