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sábado, 31 de diciembre de 2016

"Como seguir el "Manual de Verano de un Lolo ochenteno" y no morir en el intento".



Para hacer un poco de memoria, he aquí una serie de pasos que debías seguir para estar en onda en los veranos de aquellos años:

Dormir hasta las tantas de la mañana, para levantarse solamente a almorzar para luego ponerse de acuerdo donde te juntarías para ir a la playa. Almuerzo y vamos a la playa. ¿Destino? Teníamos como tres alternativas seguras como que era Caleta Abarca, donde lo entretenido era llegar a la balsa, pero el problema era que había que volver a tirarse al agua cuando ya te habías secado.
Me llamaba mucho la atención que en esa playa se viera tan marcada las clases sociales, por ejemplo, desde el puente Capuchinos hasta el puente que daba sombra, estaban los "Pobletes" donde podías encontrar tangas de Lana. Desde ahí hasta la escalera mas larga estaban los "Medio Pelos" y los que estaban al lado del hotel Miramar eran los Cuicos, sobretodo en la mañana porque en la tarde se hacia mas "popular".
Si el destino era Las Salinas, la idea era juntarse en la esquina del Cine Olimpo o en el Delta 2, para luego tomar el Bus Central Placeres Nº 1, que siempre iba llena ( uno iba mas apretado que peo de visita, Finito!!) y que llegaba hasta el primer sector de Reñaca.
Para llegar a Playa Amarilla en Con-Con había que tomar la Nº 9 o la N°10, un viaje eterno en unos Buses que se las llevaba el Señor.
Para ser taquillero debías ir con:
1.- Zapatillas de Marca ( Nike, Puma, Topper, etc.)
2.- Del traje de baño no había dudas: Adidas, que te quedaba medio apretado… como el Pato Yañez cuando hizo ese memorable gol en Paraguay y como eran bien cortos, se corría el peligro cierto que se te escapara una gónada cuando te tirabas en la toalla,
3.- la toalla debía ir enrollada bajo el brazo.
4.-Para tirar más pinta debías llevar contigo unas paletas "Seagull "que eran más pesadas que la cresta y que se jugaba con pelotas de tenis. Atrás quedaban las paletas con hoyos y pelota de goma. Según Peñita, él era bueno para las paletas. De Jorge si me acuerdo que era seco para jugar. Lo mejor era cuando unas niñas te las pedían prestadas. Ahí tenias enganche para la conversación con ellas. Bueno, eso si dependiendo de las niñas, excepto Jorge que iba siempre de Chincol a Jote!!
5.- Si había que andar con unos puchos, los Viceroy, Chesterfield o Advance eran los indicados porque la idea era fumar cigarros pirulos. Los que eran más fuertes que la cresta eran los Lucky Strike, con y sin filtro. A estos últimos le pegabas una aspirada y quedabas con los ojos llorosos ¡putas que eran fuertes!!
La retirada era caminando hasta el centro de Viña, o sea, la calle Valparaíso. ¿Ustedes creen que hoy haríamos lo mismo? Si hasta para ir a comprar pan vamos en auto!!.
De hecho algunos se pegaban una feroz caminata del cerro al plan , todo para ahorrarse la plata del Bus y, como muchos, después gastársela en los "Delta 2" y jugar al "Galaxy", "Space Invaders", "Phoenix" u otro juego. Si encontrabas alguien bueno para el Ping Pong, ahí estaban las mesas esperándote. Otra alternativa era gastarla en el "Pool Viña",y a veces, cuando se hacía muy de tarde, en algo de "copete"... Putas que la pasábamos bien!!!!.

Si era sábado y había fiesta, había una transformación……onda Hulk!!
Debías usar lo siguiente:
1.- Jeans Marlboro, esos que tenían unas vacas en los bolsillos traseros .Y si no tenías plata para comprarlos, la alternativa Robert Lewis.
2.- la camisa "amasada" colores pasteles
3.- chaleco "Pingüino" (si era invierno tenias que llevar la parka Montaña)
4.- zapatos uruguayos, esos amarillos con caña, sin olvidar los infaltables calcetines blancos, recuerden que hacían furor con esos zapatos (a lo feto Canales!!).
5.- Perfume, Rodrigo Flaño, Denim, quizás como esperando que una comadre nos hiciera lo mismo que en el comercial de TV. "Para hombres que lo consiguen todo fácilmente" su slogan.
6.- Aquí si que lo puchos eran importantes!! A los ya mencionados hay que agregar también "Pall Mall",y cuando eran muchas las ganas de figurar, típico para esa fiesta te comprabas un "John Placer Special "(cajetilla negra), solo para tirar pinta.
7.- Las Niñas iban con patas negras y botas blancas con flecos. En su pelo una linda visera con la chasquilla con laca.

La música de moda en esa época(80's) recordamos a Devo (zip-it),"Hey Mickey", Billy Idol, Madonna con "Like a virgen" .¿Quien no se acuerda de los infaltables "lentos"? No faltaba la comadre que te dejaba solo con medio cuerpo para bailar con ella, como si bailando las podíamos dejar embarazadas!!: "Still Living you"(Scorpions)", “Hello"(Lionel Richie), "Open Arms"(Journey), A-HA. ¡ Que era rico bailar apretaditos !,
La idea era llevar la mejor música a las fiestas, para ello tu te dedicabas tardes enteras a grabar música en la única grabadora de cassette de la casa. No faltaba el locutor desgraciado que en plena grabación decía "Galaxiiiiiiiiiia" o "Connnnnncierto" y te dejaba la cagá. Un cassette duraba meses. Uno se pasaba el día entero grabando y después ni lo escuchabas...... cuando la cinta se cortaba, le aplicabas la pintura de uñas de la mamá o de la hermana y con un desatornillador comenzabas la operación para recuperarlo...... un buen corte, buen pulso, a pegar la cinta con "cutex" y a recomponer el preciado cassette.....al escucharlo, en algún momento quedaba la cagá pero luego volvía la canción.....

No era fácil ser adolescentes, como nos imaginamos que ahora tampoco, solo que si existían muchas situaciones que pecábamos de inocentes. Quizás cuando otros adolescentes lean esto, sabrán que también fuimos jóvenes al igual que ellos y que éstos fueron momentos que nos marcaron hasta hoy, porque lo importante era llegar a ser un "Lolo" ochentero y no morir en el intento.

Nota: Gracias Christian y Joaco por su ayuda en la confección de este relato.

Partieron......

Cursaba 6to básico y era el año que me había cambiado de colegio. Mis compañeros vivían relativamente cerca del establecimiento, sin embargo a mi me quedaba bastante lejos. Cualquier actividad cerca de aquel lugar sería toda una aventura considerando mi corta edad y la posibilidad de ir solo en locomoción colectiva, lo hacía aun más arriesgado.
Mis compañeros de curso se habían organizado para ir  un día Sábado al Valparaíso Sporting Club, un lugar muy conocido para  los viñamarinos, y ahí ocupar su gran espacio verde para jugar futbol.
Haciendo un poco de historia, ésta me indica que este lugar fue fundado en 1882 y  presidido por Jose Francisco Vergara. Desde 1885 que se disputa en aquel lugar la carrera hípica más importante de la triple corona de Chile como es “El Derby”, siendo ésta la última etapa de las tres que junto al “St. Legel” y “El Ensayo” conforman esta tripleta. Cada año, el primer Domingo de febrero y en torno a él se genera el Derby Day, donde los juegos infantiles y los asados dentro de las canchas interiores hacen de este día, una tradicional fiesta hípica popular.
Un dato que desconocía era que en 1920 se jugó en esas canchas, el Campeonato Sudamericano de Futbol, hoy llamado Copa América y del que por fin fuimos campeones el 2015. En ese sudamericano salió campeón Uruguay, no sin dejar una gran cantidad de lesionados de todas las nacionalidades en el hoy Hospital Gustavo Frike.
La verdad es que el lugar me resultaba toda una novedad ya que sólo lo conocía por nombre y por saber que  allí corrían caballos y nada más.
Yo entré al lugar por la puerta lateral que está cerca del puente cancha. Mientras me adentraba veía como algunos caballos eran llevados por personas a pie. Los animales eran realmente hermosos. Su pelaje era brillante lo que hacía verlos aún más majestuosos. Esto contrastaba con el hedor a excremento animal que salía de las caballerizas. Cuando iba avanzando me encuentro con una especie de reja que separaba el lugar de tránsito peatonal con las pistas de carrera. Al llegar a ese lugar escucho desde unos parlantes que se encontraban encaramados a unos pilares junto a la pista:
“Partieron…..Tostao toma la delantera seguido de Fulminante y Agáchate que vienen los Indios. Cuarto Palmatoria seguido de Pequeño Demonio. Ultimo Petete.
Van tomando la primera curva….Fulminante toma la delantera, Agáchate que vienen los indios segundo relegando a un tercer puesto a Tostao. Cuarto Palmatoria seguido de Pequeño Demonio. Ultimo Petete”.
 Yo sentía el éxtasis de estar en primera fila para cuando pasaran los caballos mientras el locutor continuaba.
“Sigue Fulminante a dos cuerpos de Tostao que entra por fuera para dejar en tercera ubicación a Agáchate que vienen los Indios. Atrás se mantienen las mismas posiciones a tres cuerpos de distancia.
Mientras tanto veía como otras personas cruzaban la pista sin mayor temor- ¡estos tipos deben estar locos! -Decía para mí. -¡Los caballos pueden pasar en cualquier momento ¡- sin embargo ya sentía algo extraño ya que los caballos se demoraban mucho en pasar. Mientras tanto el locutor seguía transmitiendo.
“Van entrando a tierra derecha….La pelea está entre Tostao, Fulminante y Agáchate que vienen los Indios. Tostao arremete fuerte por los palos, lo sigue muy de cerca Fulminante, últimos metros Agáchate que vienen los indios tercero, Fulminante primero, fulminante fácil primero, Fulminante primero segundo Tostao, Agáchate que vienen los Indios tercero, Petete cuarto, quinto Palmatoria, sexto Pequeño Demonio…esta ha sido la tercera carrera del Club Hípico de Santiago”
Chuta, la carrera en Santiago y yo esperando que pasaran los caballos….Obligado a mirar el reloj como esperando a alguien y así no pasar por gil.
Hasta que llegué hasta las famosas canchas interiores. ¿Cancha de pasto? De champas querrán decir. Muy parecido a un potrero pero gratis. A caballo regalado….que se le va a hacer. La verdad es que jugamos igual por mucho rato hasta que el sol empezó a esconderse. Era el fin de nuestra pichanga. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos en dirección a la salida del Sporting. Un poco antes de llegar a ese lugar, uno de mis compañeros nos dice que se le cayeron las monedas y no tenía dinero para ir devuelta a su casa. No habiendo celular en esos tiempos, no era posible llamar a sus papas para los fuese a buscar.
En un acto entre irresponsable y atrevido, uno de mis compañeros nos dijo- ¡Muchachos pásenme su dinero, yo lo apostaré y tendremos dinero para pagar el pasaje de Pedro y algo más! Nosotros sabíamos que el papá de Emilio era dueño de caballos pero a la hora de apostar, eso era otra cosa. Nosotros un poco dubitativos le entregamos nuestro dinero. Era todo o nada. Quien más perdía era yo ya que mis compañeros vivían cerca de Sporting, sin embargo mi única forma de llegar durante el día era en bus.
Emilio nos pidió que lo acompañáramos. Ahí estábamos los 9 mirando como Emilio entraba a un pequeño local como entre penumbras, y saludaba a muchos adultos, quienes le correspondían su saludo de manera muy cariñosa. Se notaba que conocía de caballos. Mientras preguntaba a varios hombres que tenían en sus manos un cuadernillo con las estadísticas de los ejemplares que correrían en las próximas carreras, nosotros no entendíamos las risas que intercambiaban. De pronto, Emilio sale de donde estaban los apostadores y nos dice- Ya muchachos, en la novena carrera tenemos un caballo fijo. Las personas que me dieron el dato son amigos de mi papa así que apostaremos todo el dinero al caballo Aprendiz- Un nombre poco apropiado para un caballo ganador imaginábamos nosotros.
La carrera sería seguida a través de la radio desde el Club Hípico de Santiago. Todos atentos para seguirla. De pronto se escuchó “Partieron….” lo que siguió era irreproducible ya que los parlantes de mimbre de Chimbarongo hacían imposible saber lo que decía el locutor. Sin embargo los apostadores allí presentes parecían tener un oído privilegiado ya que a medida que avanzaba la carrera su compostura iba cambiando y los que estaban sentados, se paraban y empezaban a soltarse el nudo de la corbata, pero siempre mirando el cuadernillo. Nosotros a esa altura estábamos entre confundidos y perdidos al no tener información de nuestra galopante caballo. Fue entonces que escuchamos la única frase que pudimos entender de todo el ruidoso relato: “Van entrando a tierra derecha”. Ahí paso a ser como ají en el glúteo para quienes aún permanecían sentados. Una verdadera explosión de euforia se adueñó de gran parte de los asistentes, incluido Emilio. Ahí empezaron todos, como organizados, a hacer golpear sus dedos como si fuera una fusta, quizás con la idea de que así correrían más rápidos los caballos hasta que terminó la carrera. Emilio saltó de alegría y se acercó a nosotros compartiendo su alegría ya que había ganado nuestro caballo. Todos contentos, especialmente yo, ya que significaba que podía llegar a casa en bus y no  a pie como era el caso de haber perdido. Emilio se dirigió hasta la caja, volviendo  con un montón de dinero en sus manos. No solo nos alcanzaba para el bus sino que era dinero suficiente para no pedirle plata a mi papa durante toda una semana. Suerte…yo creo que no, pero que importaba si habíamos ganado. Ha sido la única vez que he apostado a los caballos y gané.
No puedo terminar esta historia sin acordarme de mi querido Tío Nano, al que  gustaba de la hípica. Un gran contador de historias y de quien recibí mucho cariño.  Se te extraña viejo querido….

jueves, 29 de diciembre de 2016

La Mansa Fiesta





Siempre que viajaba a la Serena y divisaba camino a esa hermosa ciudad,  el balneario de “Las Tacas”. Me preguntaba cómo sería el estar unos días en aquel paradisiaco lugar, donde sus cómodas dependencias y privilegiadas arenas blancas, lo hacían ver un lugar ideal para un fin de semana de descanso. El problema era el costo que me significaría el estar allí, ya que forma parte de aquellos lugares donde sólo la elite l problema era el costo que me significaria el estar alli, ya que forma parte de aquellos lugares donde solo la ilite puede ser uso de ella. Sin embargo por alguna cosa del destino pude acceder a ella.

En una decisión nunca antes vista en la empresa que trabajaba: Sindicato y la Gerencia de RRHH  a través del Deportivo de la empresa, se unieron para darles a sus trabajadores un regalito: Un fin de semana en “Las Tacas”. El motivo era la realización de las olimpiadas que anualmente se realizaban, pero nunca en el marco que ahora se daría;  Yo recién casado y  mi señora trabajando en el mismo lugar. Yo entusiasmado por hacer deporte  y mi señora sin ningún entusiasmo por ir. Objetivo: Conseguir el salvoconducto para ir solo. Les juro que nunca antes había lavado tantos platos y había hecho tantas tareas en mi vida como los días previos al evento ¡La idea de portarme bien resultó y tenía el permiso que necesitaba!. Total era por mi bien, ya que practicaría deporte y me ayudaría a seguir manteniendo mi físico privilegiado.

Durante la semana nos poníamos de acuerdo de quienes ocuparían las cabañas dispuestos para este magno evento deportivo. Como había llegado hace poco a la oficina de Valparaíso, no conocía a mucha gente, pero el grupo que me acogió resulto ser muy simpático. El ambiente durante la semana hacía sentir que sería muy entretenido.  Llegó el día viernes que debíamos partir. Tres cómodos buses nos esperaban cerca de nuestra oficina en la Avda. Argentina.  Hora de salida 15:30 hrs. Los que íbamos llegando dejábamos nuestras mochilas en los asientos para dejarlos “reservados”.  Así pasaron varios minutos y yo me quede conversando con Johnny, quien también seria parte de nuestra  cabaña. Mientras conversábamos, veíamos como un tipo joven, bien vestido y celular en mano subía a los buses  y repetía en voz alta - Acá están los buses esperando a los pasajeros, todo ok, todo ok-  mientras se paseaba por el pasillo del bus y luego bajaba. Un coordinador de la empresa de buses- decía yo- y no le tomaba mayor interés. Sin embargo Johnny, quien en vidas pasadas debió haber sido un gran detective, capto algo extraño y cada vez que El subía, Johnny también. Hasta que por ahí paso una Paquita en moto y Johnny la hizo parar para que le pidiera la identificación al “Ejecutivo de la empresa de transportes” contándole que sospechaba de algo raro. La amiga en su camino accedió y le pidió la identificación. Al efectuar el control de identidad, este resulto ser lanza internacional. Llegaron más carabineros y se lo llevaron ya que tenia ordenes de arresto pendiente. ¿Quién lo iba a decir? ¡Y tan decentito se veía el amigo de lo ajeno!

Después de este episodio, llego toda la gente y partimos al lugar donde daríamos rienda suelta a nuestro principal objetivo que era el de hacer deporte.

Para que les voy a mentir. La verdad es que llevábamos mas de algún copetito para pasar las noches, pero por supuesto con la idea fija que nos cuidaríamos ya que éramos deportistas y había que dejar bien puesto el nombre de la alianza.

Después de más de 6 horas de viaje llegamos a nuestro destino. Dejamos nuestras cosas en las cabañas asignadas y nos dimos cuenta que no eran lujosas pero muy confortables.  Después supimos que las mejores habían sido asignadas a gerencias más “pirulas”. -No importa, nosotros venimos a hacer deporte- nos decíamos como arenga a lo que venía. Después de unos minutos nos avisaron que la cena estaba lista. ¡Harta buena la cena! Nada que decir, no se veía pobreza. Después unas actividades por alianzas para que nos fueron empapando de espíritu deportivo y fraternidad que debía imperar en este gran encuentro. Todo bien hasta que salió de la nada ese maldito brebaje que ha hecho estragos cuanto hígado se le atraviesa: El trago. Para colmo de males, Bar abierto. Debo reconocer que me comporté como un caballero, ya que al otro día  debía hacer deporte a  muy temprana hora de la mañana. De ahí nos encontramos con la elección de Miss piernas. Debo ser honesto al recordar aquel mito donde se decía que las porteñas eran dueñas de las mejores piernas de Chile, todo gracias a tanto subir cerros. Al parecer ya no era verdad o simplemente ahora las damas en cuestión solo toman locomoción colectiva para llegar a casa. La solución, comer zapallo detrás de la puerta.

Mientras ya existían algunos indicios de algún bailoteo y pensando que fui inscrito para hacer deporte, me fui temprano a mi cabaña donde Johnny ya estaba acostado en el living listo para el tuto. La última cerveza, unas conversaciones y al sobre. La verdad no dio como para “El secreto de Las Tacas” porque somos muy machitos.

Me aprestaba a ponerme una ropa más cómoda, para acostarme pero no precisamente para Johnny y me aprestaba a soñar con los angelitos, se sintió a algo parecido a un tumulto de personas que venían a nuestra cabaña. Abren la puerta y mi corazonada se volvía realidad. Medio centenar de personas invadían el templo de la reflexión, aquel lugar donde la sana competencia y el espíritu olímpico imperaban en nuestros corazones.

Al sentir tanto ruido me asomé a ver qué estaba pasando. En eso veo a Johnny con su frazada en mano diciéndome - Estos compadres van a hacer una fiesta en la cabaña, así que me voy a vestir para el bailar un poco ya que con el ruido difícil que pueda dormir- dicho y hecho.

¿Qué dirían Manuel Plaza, Marlene Ahrens y Alfonso de Iruarrizaga? ¿Qué cosa hubiesen hecho ellos estando en mi lugar. Dios mío, ¡ilumíname para saber qué debo hacer! Me encontraba realmente confundido. Ahí estaba yo entre dos alternativas:

1.- El deporte, esa actividad física que nos ayuda a mantenernos saludables y que une a la sociedad en una sana competencia.

2.- Una tomatera, esa actividad que nada ayuda a mantenernos saludables y que solo une a los allí presentes en una descarada competencia para ver quién toma más y nos mantiene unidos hasta que aparezca la primera pelea o bien cuando se termina el copete.

Ustedes no lo van a creer y me da mucha pena recordarlo, pero opté por la segunda opción. ¡Putas que estaba buena la fiesta! ¡Qué manera de haber alcohol! A la cresta el deporte. Harto copete y conversación y más de algún baile dio pié a que mi  álter ego apareciera en ese momento. La cuerda me duró hasta que, gracias a un ataque de responsabilidad, me acordé que había ido a participar de unas olimpiadas de Deporte, así que buenas noches y a dormir. En realidad buenos días ya que me acosté como a eso de las 7:00 hrs. A las 8:00 hrs debía estar en pie para ir a tomar desayuno y luego trasladarnos a jugar tenis.



Bueno la idea era dormir  pero no contaba con que el último en haber llegado a nuestra cabaña, Juanito, un caballero ya entrado en años y que se supone pondría la cordura en la cabaña, resultó toda una sorpresa ya que nadie nos contó que el caballero roncaba como él solo, mas aun considerando que chupaba más que orilla de playa. En resumen, el caballero en cuestión nos dejó a todos bien molestos ya que ninguno en la pieza pudo cerrar los ojos. Me levanté como pude y llegué a la cancha. Afortunadamente el día se presentaba nublado, lo que de alguna forma aminoraba el hachazo propio de una noche como la anterior. Por donde pasaba, el comentario era el mismo-! La mansa fiesta en la cabaña 26!

Es decir nuestra cabaña ¡vaya uno a saber cuánta gente habrá ido a ese templo de la perdición! De hecho ya se pensaba en una segunda patita para la noche y eran las 9:00 hrs. de la mañana. ¿No será mucho?.
 Volvamos al deporte. No di pie con bola. Si bien estaba en la cancha de tenis a la hora de inicio, cual monje tibetano mi cuerpo se encontraba en otro lugar y mi mente solo enfocado en un vaso de tónica bien heladita. Durante la mañana me fui afirmando y aproveché las canchas para raquetear un poco hasta esperar el almuerzo. Después del partido jugaba Chile por las clasificatorias  a Alemania, donde jugábamos de visita con Uruguay. Eso debe haber sido como las 16:00 hrs, por lo que empezamos a tomar desde esa hora más aun cuando el resultado fue, para variar, adverso. Los que pudimos, aprovechamos de dormir una pequeña siesta sacrificando la once, sobretodo suponiendo que habían rumores venía la segunda parte de la mansa fiesta.

Todo bien hasta que por esas cosas del destino, después de la cena la gente prefirió a la cabaña vecina a la nuestra, lo cual era un alivio para nosotros ya que así no teníamos que ordenar y limpiar la cabaña como había ocurrido la noche anterior. Se veía menos gente que la noche anterior y no eran muchas las cabañas que tenían fiestas. Y era que no. Aprovechando que la playa era bastante larga,  muchas parejas furtivas aprovecharon el envión para hacer cuanta escalopa en la playa pudieron hacer, entendiendo que esa era la última noche. Eso lo sabría después como otras tantas cosas.

Me dediqué a conversar  y tomar, siempre tranquilo y sereno, como siempre hasta que cerca de las tres de la madrugada fui a buscar algo a mi cabaña, cuando veo que del baño sale Juanito, y literalmente en cuadro patas se fue hasta nuestra pieza. El caballero estaba realmente mal. Me acerqué a ver qué pasaba y veo que se acostó, sin embargo no alcanzó a sacarse la ropa. De inmediato  empezó a roncar cual serrucho eléctrico. Toda una alerta por lo cual, y visto que no me dejó dormir a noche anterior, decidí tomar hasta quedar bien curado, y así no sentiría su estruendoso sonido bocal.

Ya siendo las cuatro de la mañana y teniendo en cuenta que soy un hombre de palabra, llegué harto embriagado a la cabaña. Me cambié ropa y al sobre. El resultado fue terrible. Me encontraba mareado y no había caso con el ronquido que resultaba ser algo sin solución. No puede dormir y así estuve hasta cerca de las 8:00 de la mañana Juanito se levantó para ir al baño que se encontraba junta a nuestra pieza.- ¡Por fin!- Diría yo entendiendo que ahora podía dormir. Sin embargo Juanito nos tendría más sorpresas.

Cuando Morfeo me abría sus brazos  y a lo lejos escuchaba que abría la llave del agua de la ducha, como claro efecto que iba por mi sueño reponedor, escuchamos un tremendo Paf! Solo comparado con el sonido de un saco que cae al suelo. El sonido provenía del baño, por lo que todos los que estábamos en la pieza nos levantamos rápidamente a ver qué sucedía. Fui el primero en abrir la puerta, encontrándome con el agua de la ducha que continúa corriendo y mojando el piso, la cortina de baño rota y en el piso; Juanito desnudo en el suelo, recostado sobre su espalda y sus pies arriba  del lavamanos. Mientras en el Instituto Sismológico anunciaba que el epicentro se encontraba en Las Tacas.

-¿Qué le pasó Juanito?- mis primeras palabras junto al resto que me acompañaba observando dantesco visión.

-No me muevan por favor, no me muevan- suplicaba Juanito

Entre risa y preocupación dejamos que Juanito se mantuviese de esa forma, solo que lo tapábamos con algo de abrigo para que no se resfriara, aunque si se hubiese golpeado en la cabeza, lo más probable es que lo hubiésemos  tapado con papel de diario. Después de unos minutos, lo pusimos de pie.

-¿Cómo se cayó?- Era sin duda una incógnita para nosotros

- Perdí el equilibrio. Me traté de agarrar de la cortina y caí fuera de la tina.- comentaba Juanito aun adolorido.  Y era que no, ya que la frágil cortina no pudo aguantar los las de 120 kilos de Juanito.

Luego de unos minutos logramos poner en pie a Little John, quien aun medio mareado, mezcla de copete y porrazo en el suelo, mostraba algunos signos de su mala condición. Mientras se reponía en la cama y lo ayudan a vestirse, me enteraba que cuando había sido marino había tenido un accidente y que había sido de tal gravedad que se le había puesto una placa de titanio en la cabeza, el mismo lugar donde se había azotado en el suelo. En vista de ese antecedente y que en caso de que no diera aviso y le sucediera algo me hicieran responsable, se me ocurrió ir a donde se encontraba nuestro Gerente de RRHH, quien también había tenido un par de días para andar con la amante que tenía en la empresa. Si el gerente se había portado mal, ¿Qué se podía esperar del resto?

Bueno, una vez informado de tal situación, llamaron a una clínica de La Serena para que se lo llevaran y evaluar su estado. Llegó una ambulancia, y ello daba a conocer a todos los que participamos de la “Olimpiada” que Juanito se había sacado la mugre. Nosotros le guardábamos sus cosas en su maleta, donde encontrábamos mas trago y que tuvimos que esconderlo para que sus jefes no se dieran cuenta que le gustaba poquito el tandeo.

Ya siendo  el mediodía del domingo, empezamos a guardar nuestras cosas. Almorzamos y emprendimos rumbo en dirección a Valparaíso. El camino de vuelta fue muy tranquilo, demasiado diría yo. Una mezcla de remordimiento y cansancio.

La verdad es que nadie preguntó por los resultados deportivos, pero si sabíamos el ranking de quien había tomado mas entre todos: El casi finado Juanito.

Uno a uno íbamos dejando a nuestros compañeros hasta que llegó nuestro turno. Devuelta en casa, mi señora preguntándome como había estado “El Evento Deportivo”. Por supuesto que le hablé puras maravillas. Después con el tiempo le iba dando pildoritas hasta entregar mi reporte completo de lo ocurrido. Entre lo que le contaba y lo que se enteraba en el trabajo, quedaba claro que “Sodoma y Gomorra” era un poco menos comparado a lo vivido en las Tacas. Lo bueno que entendió que tiene  un marido ejemplar.

Consecuencias:

1.- Lo ocurrido llegó a oídos del dueño de la empresa, quien echó al gerente de RRHH junto con “La que te conté”. Además  despidieron al presidente del Deportivo y su directorio. El presidente del Sindicato se fue antes que lo echaran.

2.- Juanito tuvo que permanecer cerca de una semana en observación, teniendo que pagar todos los gastos clínicos que parece aun está pagando.

3.- Algunos de mis compañeros estuvieron,  por al menos un par  de meses, inquietos sin saber si serían padres.

4.- Más de alguna de mis compañeras que se veía tan señorita,  quedó con su piel más tersa e hidratada  y el pelo más brilloso. De hecho, el día lunes de vuelta de la olimpiada, se les tuvo que regalar un limón para que pudieran chupar el jugo y así quitarles la sonrisa.

5.- Esa fue la última vez que se realizó una olimpiada en la compañía.

6.- Aumentaron considerablemente las consultas al doctor relacionado con la cirrosis.

7.- De todos los que compartimos la Cabaña 26, yo fui el único que quedó vivo. Al resto se los echó uno a uno en un periodo de dos años.

8.- El mundo no se acabó el 2012.

9.- El dueño de la empresa, pechoño como él solo, fue condecorado por el Vaticano, probablemente porque no tiene descendencia y sabiendo que todo el dinero al momento de su muerte sería entregado a la iglesia Católica. El fue conocido por  su intervención  con la radio KIOTO en un programa de TV  y donde tuvo una dulce venganza después de lo que  “Tatan” le había hecho con el tema del incipiente negocio de las Tarjetas de crédito.

Pero como los chilenos no tienen memoria, aun así “Tatan” fue elegido presidente. Su deceso se produjo de manera inesperada, ya que si bien era sesentón, no tenía problemas de salud. Quizás igual le hubiese dado un infarto al ver  cómo su empresa se fue a pique, conmigo en su interior, la que fue finalmente fue vendida a otro de los grupos económicos del país.

10.- Transcurrido más de 10 años de aquella experiencia, hace menos de dos años que me despidieron de esa empresa porque se terminó el trabajo que yo hacía. Es verdad que conocí gente espectacular  y de las otras. Agradecido por la experiencia de haber trabajado por tanto tiempo en ella.

Ya tengo la fortuna de trabajar en otra empresa donde todo ha sido distinto desde mi recibimiento. Espero responder a la oportunidad que me han dado. Amén.



11.- Transcurrido más de 12 años de aquella experiencia, aun sigo lavando platos.

De Chincol a Jote


Hoy Matías ha llegado a casa desde el colegio con una sonrisa poco habitual. Obviamente su madre se percata de eso y le pregunta:

-¿Cómo te fue hoy en el colegio?- 

La respuesta era esperable, - ¡Muy bien Mamá! – ¡Hoy supe que a la niña que me gusta  yo también le gusto! Prosiguió contando más feliz que perro con dos colas. Ahí su madre empezó a ver que a pesar de sus 9 años, a su hijo nuevamente lo estaba casi perdiendo, y  le empezó a preguntar quién era la futura nuera, escena ya repetida pero esta vez un poco más preocupada al ver el entusiasmo de su primogénito.

-¿Nosotros la conocemos?-  preguntó ella. – Es Magdalena, mi compañera de curso- le contestaba orgulloso de haber logrado que se fijara en él.

-¿Y cómo sabes que le gustas?- preguntó ella, faltando solo conectarle a su delgado cuerpo algunos electrodos para saber si decía la verdad o no.

- Durante el Recreo nos dijimos que nos gustábamos-  Respondió mi  hijo con una naturalidad que esta vez a mí me daba la impresión que lo perdíamos. Niños de 3ero básico y ya se declaraban su amor. Después  de escucharlo entré yo a escena y le pregunto:

-Y  ahora que sabe ¿No le da un poco de vergüenza que todos en tu curso sepan?-  porque estaba claro que podrán ser muy chicos pero los chismes no tienen edad.

-La verdad es que si, pero le dije que actuara de manera normal ya que yo no cambiaría mi forma de ser con ella – respondía mi clon, sin duda todo un galán canchero.

- ¿Y te cuento más Papá?, Ella me anotó su número de teléfono fijo, su número de celular-  

Ahí comprendí que esto iba a ser serio, pensando en lo que yo hacía a mis 13 o 15 años, donde me colgaba al teléfono, esperando llegara la hora de la noche para hablar con “la que te conté” del momento ya que a esa hora cobraban tarifa nocturna,  la más barata de todo el día, esto pensando en hacer el menor daño posible al bolsillo de mis papás. Conversaciones que duraban fácilmente media hora o una hora, hasta que una señal muy tierna me decía la siguiente frase para terminar la llamada

- ¿Hasta qué hora seguirás hablando por teléfono?- la bella voz de mi  madre, quien era la encargada de decirme que hasta allí no más llegaba la conversación. Ahora si me llamaban, me dejaban hablar todo cuento pudiese.

Mientras recordaba esto, mi hijo me hace saber de un detalle no menor:

- ¡Papá, también me dio su RUN!-  Algo sorprendido aún, me preguntaba ¿Para qué cresta sirve el RUN de una niña de 9 años?  Por último hubiese servido el del Papá para ver si tenía DICOM. Bueno en fin.

¿De dónde sacó mi hijo esos genes de galán conquistador? ¡Quizás de los abuelos!....Sin embargo si hago memoria, mi primera declaración de amor fue en un verano de 1980, cuando me preparaba a cursar 8vo básico.

Mis amigos, mucho más cancheros que yo, empezaban a pololear al inicio del verano ya sea con compañeras de curso o bien con amigas de éstas. La cosa era que la ida a la playa y posterior reencuentro a la vuelta, era con polola. Y estaba yo, el impar. Más solo que astronauta olvidado. Y no era porque no tuviera candidatas, sino que el problema era que siempre he tenido poca personalidad por el miedo a recibir un “No” devuelta. De hecho yo notaba entre mis amigos la incomodidad que no pololeara. Mis amigos y amigas trataban de llevarme alguna amiga para que pudiésemos coincidir  en tiempo y espacio.

Recuerdo una ocasión donde unas amigas que habían llegado desde Alemania, me invitaron a la playa para que conociera a una amiga  proveniente de tierras germanas. Yo no me hice mayor problema ya que teniendo mis paletas de playa, la diversión estaba asegurada. Llegando a la playa veo a lo lejos a mis amigas “Ottas” y junto a ellas, sobre una toalla, una rubia espectacular, como esas que solo aparecían en los documentales que teníamos que ver al comienzo de cada película cuando íbamos al Cine donde una voz como sin haber utilizado  un pañuelo en su nariz por largo tiempo decía …….” El Mundo al instante”. En ellas aparecían imágenes de fiestas Bávaras donde se veía como gorditos y gorditas, rosaditos todos, comían y tomaban cerveza a más no poder, todos muy contentos, seguramente porque sabían que los estaban filmando y que serían vistos en los cines de Chile.

Mientras nos acercábamos con mi amigo, nos mirábamos y nos reíamos solos de tamaña suerte. Un bikini amarillo dejaba ver su cuerpo en toda su magnitud. Agréguenle que a esta Teutona, le sobraba la “u”. Nada como iniciar la revolución hormonal con tamaña belleza. Obviamente hice como que no la había visto. Mis amigas me la presentaron. Su nombre Hildegard. Beso de rigor y mientras voy poniendo mi toalla sobre la arena y me voy sacando la ropa, la miro de reojo muy sutilmente descubriendo algo que hizo en mí el efectuar un zafarrancho de abandono de modo inmediato. Era cierto, era una “real blondie” y eso era posible de verificar desde todos los lugares que uno acostumbra ver que nuestras féminas depiladas, es decir, un montón de pelos rubios en axilas, pelos por doquier que escapaban de los bordes del calzón del bikini y más pelos que yo en sus piernas. Todos rubios lo que a lo lejos con el sol no se apreciaban. Sin embargo al acercarse uno no sabía si la habían parido o tejido. Además cero comunicación ya que lo poco y nada que hablaba lo hacía en alemán y solo mis amigas le entendían y nos traducían. Todo mal.

Luego, para regresar a nuestras casas tomamos el bus y para colmo nos tuvimos que ir de pie. Afirmada del fierro que cruza el pasillo del bus estaba ella mostrando como si nada su axila peluda a todo pasajero que se diera cuenta de tal monstruosidad. Y para rematar el desodorante lo había dejado en Berlín. Peluda y hedionda……Permiso, aquí me bajo yo. ¡Too much!. A la cresta el intercambio cultural.

Y así siguió mi búsqueda de mi media naranja hasta que a comienzos de Febrero, mi amiga Cecilia, más conocida como “La Chica” y quien pololeaba con uno de mis mejores amigos, recibía a una de los tantos santiaguinos que vienen a pegar en la pera de los pobres habitantes de esta región. Y nada mejor que invitarla para que nos acompañara a una de nuestras playas favoritas: “Playa Amarilla” en Con Con.

Se trataba de una niña muy bonita, morena, de sonrisa fácil, se notaba de buen pasar, de nombre Paula. Su traje de baño de una pieza, la hacía ver una mujer recatada, de principios éticos y morales muy parecidos a los míos. Ningún garabato. Incluso comía con la boca cerrada. Lo más importante era que a diferencia de la germana, Paula siempre estaba peladita y su perfume “Natalie” hacía explotar mis tímidas hormonas. Todo bien.

Así pasaron dos semanas y me fui de puros saltos y gases. Lo cierto es que terminaba el verano y Paula regresaba a Santiago. Una vez más, haríamos una reunión en mi casa, esta vez sería para su despedida.

Ahí estaba yo con la sensación de mariposas en mi pequeño estomago de aquel entonces (Hoy solo unos cóndores podrían causar el mismo efecto) y con el miedo de saber si me atrevería a decirle que me gustaba o no.

En ese momento llamé a mi compadre de toda una vida, un canchero de tomo y lomo; Jorge, quien me dio unos “tips” para saber que decir en ese momento. Sin embargo, luego de escucharme, se dio media vuelta y entró a mi casa. Yo mientras tanto me sentaba en una de las sillas del juego de terraza para ver la bahía de Valparaíso, que desde mi casa se veía espectacular, como buscando respuesta a lo que me ocurría interiormente y que a mis precarios 14 años resultaba ser algo trascendental. En eso giro mi cabeza y veo que Jorge trae a Paula y la sienta al frente de mí. – Héctor te tiene algo que decir –  se dio media vuelta y se fue.

Solo la mesa redonda nos separaba. Después de unos instantes donde nadie decía nada y solo se escuchaba uno que otro grillo, Paula, me mira y me dice:

-Jorge dijo que tienes algo que decirme- como tomando la iniciativa.

En eso mi gato regalón, cuyo nombre fue puesto después de gran creación colectiva en una reunión familiar, dando como resultado “Minino”,  se subió a la mesa para que lo acariciara, lo cual empecé a hacerlo, un poco para calmar mis nervios que a esa altura estaba casi a punto de colapsar.


Acordándome del famoso actor mexicano, empecé a “cantinfliar”: que después de tanto tiempo yo……pero que el tiempo …uno piensa que tú me gustas…..pero si no te gusto no importa……que es posible que nos veamos poco…..aunque yo se que tu….

Cada vez que trataba de terminar una frase, ella sonreía y me decía: Si….si te entiendo. Palabras como queriendo ayudar al pobre cristiano que tenía al frente a decidirse, hasta que de repente me interrumpe, se para rápidamente y me dice-

-Oye, parece que al gato le falta aire-

Y era que no, si con los nervios estaba estrangulando al pobre gato. ¡Pobre Minino!, ¡Que culpa tenía ese pobre animal!

Entre los dos tratamos de reanimarlo hasta que por fin el gato se recompuso y se fue del lugar, seguramente maldiciéndome de tanta estupidez de mi parte, y que por lo demás me tenía más que merecido. Eso rompió el hielo. Pero algo más debía pasar. Después de dos semanas, solo en ese momento me di cuenta que Paula usaba frenillos, y aunque para mi seguía viéndose muy linda, resultaba ser todo un problema. Pensaba – “Si le doy un beso, ¡Capaz me haga mierda la boca!”.  Más aun cuando no había besado antes. Mejor para otra vez será. Finamente la tomé y la llevé dentro de la casa donde todos estaban celebrando nuestro compromiso anticipadamente. Decepción generalizada. Pero como yo era el dueño de casa no se podían enojar conmigo. Lo único claro fue que este servidor no fue capaz de decirle que si me gustaba y mucho y que gracias a ella pude disfrutar de Minino por mucho tiempo más.


El Balneario de Caleta Abarca




¿Quién podría creer que en el lugar que hoy es el Balneario de Caleta Abarca, fue uno de los polos de desarrollo industriales más importantes de la zona y porque no decirlo, del país, como lo era Lever, Murphy& Co.?

Esta era una firma comercial chilena dueña de la desaparecida maestranza, fundición y astilleros de Caleta Abarca y cuyo máximo desarrollo fue entre 1883 y 1891, cuando fabrican locomotoras y construían puentes para Ferrocarriles del Estado a instancias del Gobierno, además de proporcionar diversos servicios a la Armada. Hasta su venta en 1906 había construido aproximadamente 480 carros para ferrocarriles, 60 calderos, 100 pares de cilindros para locomotora, 39 locomotoras, 6 vapores, 20 lanchas, 5 faros de hierro y varias instalaciones completas para salitreras.

Y como sabemos que todo dura lo que dura, esta empresa desapareció quedando solo los vestigios de aquellos años de bonanza. Transcurridos los años, en los años 40 se inició un impulso turístico importante, queriendo dar a Viña del Mar otras atracciones y comodidades propias de una ciudad turística. Para ello expropiaron esos terrenos, construyéndose allí todo un complejo urbanístico que incluía toda una red vial, el Balneario propiamente tal y el hotel Miramar, lo que junto al casino Municipal, el Hotel O’Higgins , la piscina de 8 Norte, el Balneario de Las Salinas mas el Valparaíso Sporting Club, resultaba ser una ciudad de gran atractivo, sobre todo para los turistas que la visitaban.

Después de este baño cultural  y hecho el recorrido en bus desde Viña a Valparaíso, alcanzo a ver su arena y me lleva a una serie de recuerdos, ocurridos en mi época pre adolecente, siendo Caleta Abarca mi playa favorita, considerando además su cercanía con mi hogar.

La verdad es que cuando uno es chico y sabes nadar bien, no le tienes mayor miedo a las olas, hasta que te ocurre alguna experiencia que te lleve a pensar lo contrario. A mi temprana edad y gracias que tenía una piscina cerca de la casa, aprendí a nadar perfectamente a los 8 años, por lo que era habitual que con mis amigos nos fuéramos a nado hasta llegar a la balsa que se encontraba, creo yo, a unos 150 a 200 metros de la playa. Al llegar a ella uno descansaba unos minutos, tomaba sol dentro del poco espacio uno tenía para ello dado el gran numero de bañistas que llegaban a lo mismo. Sabían que después de secarte y calentar tu cuerpo, nuevamente te helarías con el chapuzón de agua helada y de ahí de vuelta a la playa. Siempre tenía en mi mente escenas de la película “Tiburón”, porque vaya uno a saber la cantidad de peces que hay debajo de uno mientras nadas. Eso hacía que mi nado fuera más rápido.

Recuerdo alguna vez que nos bañábamos tranquilamente ya que el oleaje era suave y habiendo bandera verde, los salvavidas te dejaban bañar sin mayores problemas y si bien estábamos un poco alejados de la orilla, sabíamos que con un poco de pataleo llegaríamos pronto a secarnos, tirarnos en la toalla y comernos un rico pan de huevo que vendía el caballero del canasto que se paseaba con toda facilidad por la playa, a pesar de lo caliente que pudiese estar la arena.

Ya estando en nuestro segundo chapuzón, Manolo, Roberto y yo nos bañábamos en ese mar que tranquilo te baña, sin embargo en cuestión de minutos, dejó de serlo y se levantó ante nosotros una gigantesca ola que hizo que quienes estábamos más adentro en el mar no tuviésemos otra alternativa que nadar tan rápido como pudiéramos más adentro para ir a capearla. Así pasó la primera, luego una segunda y a medida que seguían apareciendo este tren de olas, nosotros nos adentrábamos cada vez mas. Ya estando muy cerca de la Balsa de la Coca Cola, se nos acerca un salvavidas en su bote a remos y nos dice que debemos ir hasta ella. Éramos como diez personas, siete adultos y nosotros tres cabros chicos, siendo yo el menor de todos. Un poco gracias a la adrenalina, llegamos a esa balsa cuadrada auspiciada por la famosa gaseosa, que en realidad era como un gran cajón sin tapa.

A medida que subíamos, nos íbamos instalando sobre el borde de ella y un poco nerviosos nos reíamos de la situación en la que nos encontrábamos. Cuando pasaron  unos pocos minutos de  haber subido a la balsa, vimos como se acercaba un nuevo tren de olas y a pesar de que estábamos muy lejos de la orilla, la ola pasaba por la balsa llenándola completamente de agua ya que se mantenía fija al fondo y la ola la cubría. Debo reconocer que daban ganas de tirarse al mar a capearla, un poco por nerviosismo y miedo, pero eran los adultos quienes nos contenían a no hacerlo. Luego de pasar las olas, veíamos como ellas iban en dirección a la playa y era tal la magnitud de la marejada que por instantes se perdía la playa y luego se veía como reventaba en la orilla levantando un manto blanco de espuma. Nosotros como que nos dábamos cuenta que la gente que estaba en la playa nos estaba observando, como viendo en que terminaría todo esto. Bueno, nosotros también.

A medida que se iba calmando el mar, el hombre del bote empezaba a llevar a la gente hasta cerca de la orilla. Primeros fueron dos mujeres y un par de tipos que no nadaban mucho. Luego de un buen rato, nos tocó el turno a nosotros tres. Yo trataba de pensar en cualquier cosa para olvidar en la peligrosa situación en la que me encontraba, por lo que decidí empezar a sacar el agua dentro del bote con un pequeño tarro que se encontraba en su interior. Nosotros íbamos mirando la playa cuando el hombre de los remos gira rápidamente y nos dice que no nos preocupemos, pero si era de preocuparse. Estábamos en medio de otro tren de olas y debíamos regresar cerca de la balsa para protegernos de ellas, que por instantes levantaba la embarcación peligrosamente. Debo reconocer que apenas nos dejaron cerca de la orilla, me tiré al mar para luego salir del agua  no sin antes mandarme una orinada de aquellas de puro susto, contribuyendo para que el agua fuese más salada. Al salir los tres, sentíamos como la gente murmuraba mientras pasábamos cerca de ellos, aunque creo que les debe haber llamado la atención lo mocosos que éramos. Sin duda quedó para contarlo, aunque no a nuestros padres.

Mismo Verano y se anunciaba por la Radio Festival “El día del Salvavidas”, que consistiría en distintas actividades y competencias a realizarse ese día desde temprano en la mañana de un Domingo de Febrero en Caleta Abarca. Como nos gustaba el deporte y la playa, ahí estábamos nuevamente con mis amigos Manuel y Roberto,  inaugurando las competencias.

La primera de ellas,  “Mini maratón por la playa”, que consistía en, aunque cueste creerlo, en correr la playa completa, ida y vuelta, vale decir, desde el Antiguo Hotel Miramar hasta el Puente Capuchinos  y luego de vuelta. No era menor, mas aun considerando que era para todo participante. Nosotros tres, que teníamos entre 9 y 11 años, participábamos con muchachos mucho mayores que nosotros. Ahí estábamos tratando de dejar atrás esa maldita frase  que nos enseñaban en la escuela “Lo importante es competir y no ganar”, frase que no hace otra cosa que  entrar derrotado a cualquier competencia.  Se juntó una veintena de muchachos. Mas de alguno con cara de arrepentimiento pensando de por qué no se había quedado un ratito más acostado en casa. Pero en fin, como dijo el filósofo “Omóplato”, “Los que somos, somos. Los demás….palomos”. La fría mañana, nublada, sin duda ayudaría a estos heroicos deportistas. Nos juntamos listos para dar inicio a esta aventura atlética. Bandera que da la partida, y salimos en un grupo compacto salvo por Roberto que apretó glúteo a más no poder, siendo el primero de los escapados. El resto siguió junto. Así llegamos hasta el puente Capuchinos, donde tanto Manuel como yo apuramos el tranco, tratando de alcanzar a Roberto y dejando atrás al resto de los competidores. ¿Quién lo iba a creer? Tres cabros chicos dábamos el golpe  la cátedra, logrando los tres primeros puestos de esta “seudo” maratón. Para el resto, la vergüenza por nuestro triunfo. Nosotros felices ya que nos dijeron que al final de día nos entregarían premios.

 Considerando que el hermano del Capitán General era el concesionario de la playa, y que el mandatario gobernaba a punta de palos, a diestra y siniestra, me imaginaba que los premios serían dignos de una familia tan desprendida como lo era la familia Pinochet, desprendida de toda culpa……hasta que los pillaron, por cierto. 

A mediados de la tarde anuncian por megáfono la realización de una nueva competencia: Nado libre para todo competidor. Nosotros nos miramos y sin pensarlo nos levantamos de nuestras toallas para ir a inscribirnos ya que a pesar de tener poca edad, nosotros ya habíamos competido en natación, aunque con niños de nuestra misma edad. Nos inscribimos y nos dimos cuenta que la cantidad de participantes era muy numerosa respecto a la carrera de la mañana. No nos amedrentó el hecho de enfrentar a una treintena de nadadores.  Mucha gente se acercó a mirar esta mini “Iron Man” que hacía más entretenida la estadía en la playa. Todos los competidores nos pusimos a la orilla del mar esperando la largada. Había expectación entre todos los asistentes, sabiendo que nadie daba un peso por nosotros. En eso, uno de los salvavidas toma un megáfono y con su bocina da el inicio a la competencia. Justo al momento de introducirnos al mar llegó una ola bastante grande que hizo que muchos de los que corrieron primero retrocedieran, sin embargo nosotros que esperamos que reventara nos apuramos en correr para evitarla y comenzamos a nadar. No era raro que Roberto tomara los primeros lugares ya que nadaba muy rápido. Yo quedé en el grupo que lo seguía, pero avanzando con un nado constante, cual “Tiburón Contreras”. El nado se hacía difícil dado que se amontonaba una gran cantidad de personas  y había que hacer el quite a quien uno debía pasar, esperando que no te llegara algún golpe tanto de mano como de pie de quien te antecedía. El bote de salvavidas indicaba el retorno, por lo que debías dar vuelta a su alrededor para emprender la vuelta. Yo seguía nadando rápido y no faltaba el competidor que viendo que era más chico, me agarraba de los tobillos y me tiraba hacía atrás. Nada de lo que una buena patada no me pudiese librar para seguir con la carrera. Después de casi 100 metros de nado, me di cuenta que había llegado hasta la orilla, donde Roberto me alentaba a que me apurara para que llegara entre los primeros. Yo me encontraba muy cansado, ya que el esfuerzo había sido grande y mis piernas estaban un poco cansadas, sólo comparada con la sensación que más adelante sabría reconocer como una “guaraní”. Con mucho esfuerzo llegué hasta la meta, donde indican que había llegado Tercero. Para variar Roberto había llegado primero. Eso significaba que tendría otro premio. Yo estaba feliz, sobre todo al ver la cara de quienes llegaban después y veían como un flaco espinillento les había ganado.

De ahí a esperar la premiación.- ¿Cuáles serán los premios? ¿Sin lugar a dudas llegaría con algún trofeo que podría sentirme orgulloso y de paso mostrarles a mis papás el hijo que tenían y que era sin duda, un motivo de orgullo.

Había llegado el momento.

Uno de los salvavidas se encontraba arriba de una improvisada tarima y daba la instrucción para que quienes  eran llamados, subieran a este “podio” para la entrega de su premio .Un “seudo” animador, megáfono en mano, daba inicio a la premiación tan esperada.

-3er Lugar Mini maratón…………yo-  Mientras recibía el aplauso del respetable, yo subía con el pecho súper inflado y con un gesto de como despejándome el cuello para recibir mi medalla. El animador se da vuelta y me hace entrega de……una botella chica de Coca Cola. La recibí agradecido esperando el premio. El hombre del megáfono se me acerca y me dice al oído- tómatela rápido aquí arriba, devuelve el envase y baja por ese costado. Gracias. Segundo Lugar…. –prosiguió con la premiación. Quedaba demostrado que el hermano del Dictador era volantín de cuero y que los premios no serían de los mejores o simplemente alguien le cortó la cola al financiamiento de los regalos.

Mientras al segundo y primer lugar les hacían entrega de unos premios como cuadros y un llavero, al menos podrían llegar a casa con un recuerdo que dijera que habían participado en tal magno evento. En mi caso, la única prueba de que había ganado algo era hacer pipí y conseguir un frasco para la muestra de orina, pudiendo así demostrar que había ganado algo.

-¡Seguramente habrán dejado el premio mayor para la natación!- siempre pensando de forma positiva – Mientras proseguían con la entrega de premios para otras competencias.

Ahora la premiación para la competencia de nado. Yo me acerqué al “seudo” escenario para recibir mi premio.  El “seudo” animador hace su mejor introducción para luego decir:

-Para el final hemos dejado la competencia principal, la Natación. 3er Lugar,  yo-  Mientras nuevamente recibía el aplauso del respetable, yo nuevamente subía resignado como esperando recibir cualquier cosa. El seudo animador se da vuelta al escuchar una voz que desde un costado le informa  que se quedaron sin premios para el Tercer Lugar. Una de las colaboradoras ante tal inconveniente, y para salir del paso, le  hace entrega de ….una botella chica de Coca Cola. El hombre del megáfono me dice nuevamente al oído - tómatela rápido aquí arriba, devuelve el envase y baja por este costado. Gracias. Segundo Lugar…. –prosiguió con la premiación. Mientras dificultosamente trataba de tomar esta segunda  botella, la cual se encontraba a temperatura ambiente, yo me sentía llego de gases. Creo que eructé hasta que Roberto recibió su premio; un reloj de pared para la cocina !Vaya incentivo para seguir siendo deportista!

A raíz de todo lo anterior, se me ocurre un pensamiento muy original … “Ser tercero es perder, ser segundo no es igual que llegar en un primer lugar”. Si bien no hay algo tangible que indique lo que estoy contando, solo espero que me crean todo lo que he escrito, porque en algún lugar debe quedar en la historia de la playa Caleta Abarca que yo participé en “El día del Salvavidas”.

El Balneario de Recreo




Si a un veinteañero le preguntase si ha escuchado el término “Baños Calientes de Mar” o por la existencia de una piscina en el sector costero del cerro Recreo, probablemente me diría un no rotundo. No sabría de un balneario creado en 1910,  donde la reina era una piscina de grandes dimensiones llenada con agua de mar y que en su terraza existía una pérgola donde se realizaban en tiempos pretéritos  grandes bailes  con la presencia de la aristocracia de aquel entonces, sólo frenada con la llegada del casino de Viña en el verano de 1930.

Con certeza puedo decir que tuve la suerte de  ser parte de aquella última generación que disfrutó de aquel lugar antes de ser parte de lo que hoy es la ampliación de la avenida España, es decir, que como tantas cosas, un lugar  desplazado por el paso del tiempo y la modernidad.

Cuando era niño y tenía esas eternas vacaciones de verano,  ell vivir en ese precioso barrio residencial me daba la posibilidad de podía obtener la diversión al alcance de mi mano. Solo debía bajar la calle 18 de Septiembre y encontrarme con la antigua Avenida España, esa con dos pistas hacia Viña y dos a Valparaíso. Solo la seguridad de un paso sobre nivel hacía menos peligrosa el llegar a mi playa favorita de aquel entonces llamada “Poca Ola”. Para llegar a ella debías cruzar la línea del tren y llegar a la estación de trenes de Recreo. A la izquierda, el Club de yates de Recreo con sus clásicos tetrápodos de concreto para detener la erosión de las olas y lugar muy entretenido donde pescar.

Siempre encontrabas a algún pasajero del tren, quien más aburrido que ver una pelea de babosas de jardín, esperaba que pasara muy de cuando en cuando alguna locomotora eléctrica que llevaba sus carros de pasajeros algo ya antiguos, como no queriendo dar un paso al costado a los modernos Fiat-Gec Concord argentinos AES 17  más conocido como “Automotor” cuya puerta no tenía ninguna contemplación si se atravesaba alguna extremidad al momento de cerrarse y que fueron los antecesores a los que hoy la gente disfruta gratamente en el Metro de Valparaíso. Investigando supe que ellos fueron comprados por el compañero “Chicho” pero recibidos por el Caballero de los mil nombres el año 1976.

Por supuesto que como a uno le gustaba la tontera, mis amigos y yo, niños de entre 8 a 11 años en ese entonces, nos gustaba encaramarnos  para llegar al muro que dividía la playa y la línea del tren, y que no era otra cosa que la posibilidad cierta del termino del verano en caso de perder el equilibrio y romperse más de algún hueso, más la segura reprimenda de nuestra madre y su eterno “te lo dije”. ¿Y para que llegar ahí? Simplemente para colocar pequeñas piedras, monedas  y tapas de bebidas en la vía férrea para ver como el tren pasaba sobre ellas y las aplastaba, para luego recogerlas como trofeo o usarlas de fichas para los “flippers”.

La bajada a la playa era pavimentada salvo un trozo de camino que era de madera, como una especie de puente donde evitabas mojarte del agua del desagüe que provenía de una especie de cueva y que se encontraba bajo la línea del tren y que daba finalmente al mar. Si bien había un cartel que indicaba que aquellas no eran “Aguas Servidas”, te aseguro que su pequeño caudal no era precisamente agua mineral y los restos de papel que llevaba no eran precisamente barcos reciclados. Para que decir de aquellos cuescos de duraznos que no eran tales. Si bien esa agua estaba distante del lugar de donde nos bañábamos, yo creo que igual nos podríamos haber contaminado con tanta mierda. Pero en ese entonces no había playa que no estuviese contaminada. Sin duda todo un festín para las jaibas. Sin embargo lo único que uno quería era bañarse y disfrutar de la arena gratuitamente.

A la derecha de este balneario popular y sólo separado por una reja siempre a mal traer que impedía el acceso, se encontraba la piscina de Recreo.

Su ingreso debía realizarse  por un costado de la Avenida España, a un costado de la línea del tren.  Debías bajar hasta un paso bajo nivel que pasaba por  debajo de la línea del tren. Al cruzar este túnel encontrabas un lugar donde estaba lleno de baldosas blancas que cubría sus paredes y donde se encontraba una caseta que era la boletería. Me acuerdo que mi padre me regalaba abonos para todo el mes, los que compartía con amigos ya que no era muy barata la entrada. Tenía dos niveles, una era la terraza que daba a todo lo largo del lugar y bajando, te encontrabas con un pasillo igual de largo donde se encontraban los camarines. Lo que llamaba la atención era un olor característico a humedad, esto debido a que el sol no llegaba a ese lugar, por lo que siempre estaba el piso húmedo, por lo que no era raro encontrar en el piso uno que otro Jurel vivo que saltaba de puro gozo de tanta humedad. Una vez puesto el traje de baño, y con tu ropa en guardarropía, disponías a instalarte en la playa para luego llegar, a pocos metros de allí, a esa gran piscina.

El hecho que fuera de agua de mar hacía que uno pudiese nadar con mayor flotabilidad. Su gran dimensión hacía grato el nadar sin chocar con alguien. Ahora si se te ocurría abrir los ojos por mucho tiempo, debías ir a buscar unas gotitas para los ojos, ya que te encargo  los ojos de conejo con los que quedabas. Una vez bañado, la ducha de agua dulce te dejaba como nuevo. El lugar estaba protegido por un especie de pequeño muelle y al costado de la piscina  se encontraban una serie de bloques de cemento de grandes dimensiones, donde, si el mar lo permitía, podías buscar algunos pequeños mariscos como estrellas de mar, lapas y cuanta fauna desearía descubrir mi compadre franchute Jacques y su mundo submarino.

Durante los años que concurrí a aquel lugar,  tuve la oportunidad de conocer muchos personajes. Uno de ellos fue a un deportista de lucha libre que participaba en un programa de TV de aquel entonces llamado “Titanes del Ring” y por lo tanto toda una celebridad: Mister Chile. Yo era parte de ese montón de cabros chicos que lo rodeaba esperando que me dijera algo o simplemente escuchar lo que conversaba con jóvenes mayores que también se acercaban él a preguntarle cosas relacionadas con sus legendarias peleas con “la Momia”. Recuerdo que su físico era impresionante, comparado con Arnold Schwarzenegger  pero Chilensis, o sea, en la medida de lo posible como diría Don Patricio durante su gobierno. Las chiquillas no se quedaban atrás y aparte de ver su traje de baño con nariz muy común de aquella época, le hacían sus cambios de luces por si las “fly”, en una de esas las dejaba “en Plancha”.

Pero la piscina también guarda momentos no muy gratos para mí. Cierto día y  como muchos días de Verano, fuimos a disfrutar de sus aguas. Ahí estaba con mis padres y hermana más uno que otro familiar. Yo a mis incipientes 3 años  jugaba seguramente con un balde tratando de hacer algo parecido a un castillo de arena. Ya estaba atardeciendo cuando volví al lugar de la playa donde se suponía estaba mi familia, mi manada, mis protectores……..y no estaban. Instintivamente me puse a llorar. No faltó la señora solidaria que al ver que me encontraba extraviado me tomo de la mano y tratando de calmarme, me llevó hasta un salvavidas. Él, negro como la noche de tanto sol y con una polera amarilla sin mangas, parecía un helado de chocolate con vainilla, pero con patas. Este prototipo de “Guardián de la Bahía”, ayudó a tranquilizarme dado que lloraba más que Nice en el final de “Angel Malo”. Mientras me limpiaba las lágrimas, él  me preguntaba mi nombre y donde estaba mi mamá. Yo trataba de mirar a cuanta mujer pudiese tener un traje de baño como el de mi olvidadiza madre. Pero como la moda es la moda, parece que el color de su traje de baño era el favorito de ese año. De lejos divisaba a una mujer que podía ser mi madre, sin embargo al acercarnos junto al salvavidas, éste le preguntaba si yo era su hijo. Obviamente no lo era y vuelta a llorar. Así de la mano, me debe haber acompañado a preguntar como a tres o cuatro  mujeres más si yo era su hijo. No había caso. El  traje de baño “Catalina” resultaba ser de uso popular, lo que no ayudaba a esclarecer el enigma de cómo  había llegado este niño a ese lugar. Paralelamente mis padres se encontraban en casa, a unas pocas cuadras de allí, preparando la once. La candidata a la mamá del año hace el cometario a los presentes de lo tranquilo que estaba yo, ya que no se escuchaba ruido alguno del travieso niño de la casa.

-Debe estar durmiendo- dijo ella muy segura. Cuando me fue a ver a mi pieza,  se dio cuenta que no estaba y empezó a preguntar por mí a cada una de las personas que ya se afilaban los dientes para tomar once y comer pan, seguramente acompañado de huevos con tomate. Cada uno se echaba la culpa pensando que suponían que el otro me traía. Al final ninguno me llevó.

A esa altura mi madre se dio cuenta  que yo estaba en la piscina, seguramente tragado por las aguas o bien devorado por algún escualo. Como toda familia unida, hicieron una carrera para ver quien llegaba primero a la piscina. Solo para las estadísticas, primero llegó mi Tío Nano, segunda mi Mamá y  tercero mi papá, que desde los tiempos que jugaba futbol no se pegaba un pique similar.

            Preguntaron por mi hasta que llegaron donde el Salvavidas, quién me tenía en brazos y luego me pasaron con mi mamá. Ahí me abrazaban todos, yo no teniendo idea de la razón de tanto amor. Explicaciones iban y venían al Salvavidas, quién en su interior debe haber pensado lo peor de mis progenitores. Y era que no, ya que estuve más  de una hora perdido y aunque no me crean, todavía tengo en la memoria todo lo vivido.  De vuelta a casa era regaloneado a más no poder. Si en ese momento le pedía un auto a mi papá, seguro el viejo me lo regalaba, pero como fui “perno” desde chico, solo le pedí un helado de chocolate con vainilla ya que el Salvavidas me había tentado. Con los años se forjó una amistad muy bonita entre mis padres y Don Carlos, el Sr. Salvavidas y era que no, si estaban más agradecidos que polola fea por haber ayudado a encontrar al querubín. Obviamente esta historia era contada cada vez que se encontraban y allí estaba yo escuchando como ahora se reían. Que lastima que a esa altura de mi vida no supiese algún garabatito ya que se lo tenían bien merecido. Aparte espero que estas líneas sean leídas por todos aquellos que siempre se han quejado de mi por perder cosas…..lo siento, parece que es hereditario.

Hoy sólo quedan las ruinas de aquel sector, mudo testigo de muchas aventuras como las ya descritas, como no queriendo ser destruida por la corrosión del mar .Afortunadamente fue la única vez que me perdí y solo quedó como una anécdota recordada muy a menudo por mi viejita linda.