
Si se trata de acordarse de anécdotas, me acordé de una en la cual fue un poco incómoda pero divertida.
Estaba en 3º Medio y como ustedes se recordarán Joaquín y yo jugábamos Básquetbol por el colegio y además pertenecíamos a un club de la Asociación de Básquetbol de Viña como era el "Villa Moderna" de Recreo, club que nos permitió ser seleccionados de Viña.
En mi casa teníamos serios problemas de plata y mis viejas zapatillas se habían roto, por lo tanto era urgente contar con unas nuevas.
Alguien que no recuerdo me dijo "En la calle Valparaíso están vendiendo unas zapatillas de básquetbol "Adidas" a $2.990". El precio normal estaba por los $10.000 o incluso más, por lo tanto era una ganga. Me conseguí la plata y partí a comprarlas.
Recorrí la calle Valparaíso hasta que di con ellas. Era cierto, ahí estaban en la vitrina con su letrero que indicaba $2.990.Entré a comprarlas y ya había notado algo raro; su tamaño. El vendedor se acerca y yo pregunto por ellas. El vendedor me responde "Solo me queda esa que esta en vitrina, pero el problema es que son Nº 46". Ese si que era un problema, yo calzo 42. "Tráigalas que quiero verlas", yo estaba claro que por ese precio no me podía comprar ni siquiera unas Dolphin. ¿Que les puedo decir? Al tomarlas noté su increíble porte, eran como Portaviones ( de la 2ª guerra mundial por cierto, ya que no quiero exagerar!!).Había que pensar rápido y la solución era ponerle algodón en la punta y santo remedio!!. "Me las llevo" le dije y partí con mis zapatillas nuevas. Demás está decir que el vendedor fue elegido el mejor del mes al poder vender semejante monstruo.
Llegué a la casa y me las puse. Recuerden que los pantalones de esos años no eran tan anchos de piernas por lo tanto vi inmediatamente que me quedaban como zapato de payaso de Circo. ¡Simplemente Ridículo!
"Los voy a usar solo para los partidos de básquetbol", pensé ya que quizás ahí se notaría menos la tremenda compra que hice. Llegó el día del partido, que eran los sábados en el gimnasio Arlegui. Jugábamos contra nuestro clásico rival que era "Everton". Joaco, que era el conductor de nuestro equipo, y muy bueno por cierto, ve la oportunidad de enviarme un pase largo para que yo corriese y pudiese anotar. Vino el pase, yo corrí tan rápido como pude, pero algo malo pasaba. Las zapatillas sonaban como si estuviese usando "gualetas". Nosotros jugábamos con público, pero no quería mirar a las tribunas ya que de seguro había gente riéndose de tal situación, porque yo en su lugar me hubiese cagado de la risa.
Siguió el partido, y con trajín del partido sucedió lo que no tenía que suceder. Nuevamente el Joaco enviándome un pase para que yo corriera. Yo corriendo cual Guepardo tras una Gacela de Thomson en la Savana Africana ( Nótese el nivel cultural de mi relato!! ), cuando siento que a mis fabulosas zapatillas se le doblan las puntas y Paf !!, de hocico al suelo. El algodón se había aplastado quedando nada entre mis dedos y la punta de la zapatilla, o sea los 4 números de más.
Pedí cambio, fui a los camarines, puse nuevos algodones y a jugar nuevamente. Terminado el partido, en los camarines mis zapatillas eran comentario obligado no solo por nuestro equipo, sino también por los rivales.
La gota que rebasó el vaso fue que recién me había puesto a pololear, y me puse salida de cancha (buzo para los que ahora están en Santiago) y el ya mencionado "par".
Estando en la casa de mi polola estaba todo bien hasta que ella me presentó a su papá, que fue la única vez que estuve con él ya que este caballero era terriblemente celoso y venía exclusivamente a verla. Cuando coincidíamos en tiempo y espacio, tenía que salir arrancando por la puerta trasera, como haciendo un entrenamiento de lo que sucedería cuando yo fuese amante, claro que esta vez con ropa.
Después del saludo protocolar, cual yerno saluda a su nuevo papi, vi como sus ojos se fueron directamente a mis zapatillas, lo cual a esa altura ya para mí se hacía algo cotidiano.
No me dijo nada pero su cara lo decía todo, ya que noté cierta intranquilidad y no risa como al resto de los mortales. Yo creo que se debe haber acordado de ese mito que dice que el tamaño de tu pie es proporcional al tamaño del "niño", o sea, podría imaginar que estaba frente aun hombre súper dotado que podría causar estragos en la humanidad de su hija. Bueno, para su tranquilidad la verdad no era tal. Digamos que solo normal, para ser modesto. Además esa relación duró muy poco , quizás cansado de tanto escape ya que mi vocación no era precisamente ser mago.
¿Zapatitos prestados? No. Solo número equivocado.
Por favor, a sus hijos cómprenles zapatillas de su número, un amigo se los agradecerá.
Estaba en 3º Medio y como ustedes se recordarán Joaquín y yo jugábamos Básquetbol por el colegio y además pertenecíamos a un club de la Asociación de Básquetbol de Viña como era el "Villa Moderna" de Recreo, club que nos permitió ser seleccionados de Viña.
En mi casa teníamos serios problemas de plata y mis viejas zapatillas se habían roto, por lo tanto era urgente contar con unas nuevas.
Alguien que no recuerdo me dijo "En la calle Valparaíso están vendiendo unas zapatillas de básquetbol "Adidas" a $2.990". El precio normal estaba por los $10.000 o incluso más, por lo tanto era una ganga. Me conseguí la plata y partí a comprarlas.
Recorrí la calle Valparaíso hasta que di con ellas. Era cierto, ahí estaban en la vitrina con su letrero que indicaba $2.990.Entré a comprarlas y ya había notado algo raro; su tamaño. El vendedor se acerca y yo pregunto por ellas. El vendedor me responde "Solo me queda esa que esta en vitrina, pero el problema es que son Nº 46". Ese si que era un problema, yo calzo 42. "Tráigalas que quiero verlas", yo estaba claro que por ese precio no me podía comprar ni siquiera unas Dolphin. ¿Que les puedo decir? Al tomarlas noté su increíble porte, eran como Portaviones ( de la 2ª guerra mundial por cierto, ya que no quiero exagerar!!).Había que pensar rápido y la solución era ponerle algodón en la punta y santo remedio!!. "Me las llevo" le dije y partí con mis zapatillas nuevas. Demás está decir que el vendedor fue elegido el mejor del mes al poder vender semejante monstruo.
Llegué a la casa y me las puse. Recuerden que los pantalones de esos años no eran tan anchos de piernas por lo tanto vi inmediatamente que me quedaban como zapato de payaso de Circo. ¡Simplemente Ridículo!
"Los voy a usar solo para los partidos de básquetbol", pensé ya que quizás ahí se notaría menos la tremenda compra que hice. Llegó el día del partido, que eran los sábados en el gimnasio Arlegui. Jugábamos contra nuestro clásico rival que era "Everton". Joaco, que era el conductor de nuestro equipo, y muy bueno por cierto, ve la oportunidad de enviarme un pase largo para que yo corriese y pudiese anotar. Vino el pase, yo corrí tan rápido como pude, pero algo malo pasaba. Las zapatillas sonaban como si estuviese usando "gualetas". Nosotros jugábamos con público, pero no quería mirar a las tribunas ya que de seguro había gente riéndose de tal situación, porque yo en su lugar me hubiese cagado de la risa.
Siguió el partido, y con trajín del partido sucedió lo que no tenía que suceder. Nuevamente el Joaco enviándome un pase para que yo corriera. Yo corriendo cual Guepardo tras una Gacela de Thomson en la Savana Africana ( Nótese el nivel cultural de mi relato!! ), cuando siento que a mis fabulosas zapatillas se le doblan las puntas y Paf !!, de hocico al suelo. El algodón se había aplastado quedando nada entre mis dedos y la punta de la zapatilla, o sea los 4 números de más.
Pedí cambio, fui a los camarines, puse nuevos algodones y a jugar nuevamente. Terminado el partido, en los camarines mis zapatillas eran comentario obligado no solo por nuestro equipo, sino también por los rivales.
La gota que rebasó el vaso fue que recién me había puesto a pololear, y me puse salida de cancha (buzo para los que ahora están en Santiago) y el ya mencionado "par".
Estando en la casa de mi polola estaba todo bien hasta que ella me presentó a su papá, que fue la única vez que estuve con él ya que este caballero era terriblemente celoso y venía exclusivamente a verla. Cuando coincidíamos en tiempo y espacio, tenía que salir arrancando por la puerta trasera, como haciendo un entrenamiento de lo que sucedería cuando yo fuese amante, claro que esta vez con ropa.
Después del saludo protocolar, cual yerno saluda a su nuevo papi, vi como sus ojos se fueron directamente a mis zapatillas, lo cual a esa altura ya para mí se hacía algo cotidiano.
No me dijo nada pero su cara lo decía todo, ya que noté cierta intranquilidad y no risa como al resto de los mortales. Yo creo que se debe haber acordado de ese mito que dice que el tamaño de tu pie es proporcional al tamaño del "niño", o sea, podría imaginar que estaba frente aun hombre súper dotado que podría causar estragos en la humanidad de su hija. Bueno, para su tranquilidad la verdad no era tal. Digamos que solo normal, para ser modesto. Además esa relación duró muy poco , quizás cansado de tanto escape ya que mi vocación no era precisamente ser mago.
¿Zapatitos prestados? No. Solo número equivocado.
Por favor, a sus hijos cómprenles zapatillas de su número, un amigo se los agradecerá.
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