
Verano del 83, con 15 a 16 años en ese entonces y por primera vez con el permiso de nuestros padres para ir a un camping solos. Los citados a este viaje eran Juan Pablo, Jorge, Gastón, Gustavo, Chicho y yo. El lugar era "paradisíaco", "La Poza Cristalina", si, la misma que queda en la Cruz, cerca de La Calera. Comprenderán que dado el precio, pasaba a ser un hotel 5 estrellas para nosotros. Obviamente nos llevaron y así pudieron darse cuenta del lugar donde estaríamos. Llegamos PM y previo registro de nuestro sitio a ocupar, Sitio 36, se elige por votación popular a nuestro representante ante las autoridades administrativas, El Chicho. Una vez hechas las carpas, al agua pato.
Primera anécdota, al poco rato de estar bañándonos, una vieja con los copetes nos perseguía en agua para pegarnos sin razón aparente. De ahí todo tranquilo, una fogata, unas canciones y así se nos fue la noche, pero había un problema. El reglamento, que desconocíamos, decía que uno solo podía meter bulla hasta las 1 AM y nosotros a las 2 AM seguíamos cantando y riéndonos, sin copete ya que ni siquiera tomábamos, aunque cueste creerlo. Un vecino nos gritaba ¡Cállate hombre! Y nosotros poca bola tu you. Llegó la Hora del tuto y a dormir.
Despertamos no muy temprano, preparando nuestro desayuno cuando se presenta el administrador de la Poza junto con las Autoridades policiales, mas conocidos como los Pacos. Un Teniente (supongo que lo era por el Bigote) se nos acerca y dice ¿el Señor García?, Chicho, así como todos nosotros estabamos sorprendidos . El, como sacado de la mejor cuento biblico y teniendo en sus pensamientos al joven Tobías dijo: "Heme aquí señor, yo soy a quien buscáis".El paco al ver la cara del Chicho, mas tiriton que espejo de Micro, dijo "Sr. García, permítame su cedula de identidad". Al ver su fotografía no había duda, era el hombre que buscaban por ser el responsable de nuestro sitio de campìng (y eso que en la foto no estaba de perfil ¡) "tenga la bondad de acompañarnos". "Queda usted detenido por infringir el articulo 6969 ,desordenes en un recinto privado, consumo de estupefacientes e ingesta de alcohol", o sea según el paco teníamos grosa orgía y no nos salvaba ni el Turco ni el Negro Sáez juntos.
Nosotros a la distancia veíamos como el Chicho usaba todo su histrionismo, aleteando cual gaviota antes de emprender un vuelo, para explicarle al paco que todo era un mal entendido.
El paco lo vio y nos vio a nosotros (yo creo que eso lo salvó) y le dijo "Se nota que ustedes son de buenas familias, por lo que no lo llevaré detenido pero por favor sigan la reglas que son para cumplirlas"-¿Dónde había escuchado esa frasecita?
No quedó otra que portarnos bien.
Los almuerzos eran simplemente caóticos. Creo que esos cinco días nuestra alimentación se basaba en comida Italiana, Fideos. Unos días se cocían fideos y se freía un huevo, que era servido "revuelto" porque en ese tiempo no eran comunes los sartenes de teflón y por supuesto que se pegaban. No es bueno quejarse a esta altura de la vida pero nunca recibí en mi plato un huevo como la gente. Si no era huevo, era Salsa. Pero no crean que existía una preocupación por hacer la salsa. No señores, así tal cual se libera del tarro directo al plato. ¡Rico verdad¡ con hambre cualquier cosa era deliciosa. El único que tenía problemas para comer era Gastón ya que mientras nosotros jugábamos a la pelota después de nuestro almuerzo, Gastón trasladaba los fideos de un lado a otro del plato, como queriéndose convencer de cómo éramos capaces a temprana edad de cometer tal atentado culinario.
Pensábamos que todo era alegría y sano esparcimiento cuando ocurrió lo inesperado. Cual escena de Alfred Hitchcock y mientras nosotros estábamos bañándonos, aparecía entre las siluetas de los veraneantes de aquel lugar ¡ La Mamá de Chicho!.
La señora tenía una cara que no la hacia reír ni el sindicato de Tonys y sus primera palabras fueron "¡José Luís ve a buscar tus cosas inmediatamente y nos largamos de aquí ¡" Mierda…, la señora estaba realmente enojada, nosotros no cachabamos nada. Otra vez el Chicho enfrentado a la misma situación, nuevos aleteos y gesticulación como exigiendo alguna explicación de tal extrema medida.
Había que ayudar al Chicho. Mojados todavía nos acercamos donde la Mamá y calmándola un poco, nos contó que la gente de la portería había dicho que nosotros éramos "Los Marihuaneros del sitio 36". ¡Era para espantarse! Si a eso sumamos que fue a ver donde estábamos acampando y presenciar ante sus ojos una dantesca escena.
Cuando almorzábamos dejábamos todo tirado encima de las mesas, sin lavar, lleno de moscas, un monumento al desorden y como guinda de torta, las banderas que flameaban en lo alto de nuestras carpas eran los rollos de papel confort. La escena era para pensar lo peor por cierto.
Hay fuimos todos, mas calientes que la cresta a discutir con el administrador de cómo se le había ocurrido decir semejante tontera. La situación ya la había visto pero ahora era el administrador quien empezaba a aletear y le dio las excusas a la mamá del Chicho , a quien a contar de ese momento ya le había cambiado el color de la piel, pasando ahora a un color diríamos, rosadito sanito. Se fue más tranquila, asegurándole que seríamos más ordenados y que no dejaríamos las cosas tiradas en la mesa. ¡ y cumplimos! Solo que ahora dejábamos todo tirado dentro de las carpas y al agua pato de nuevo.
Una noche se nos ocurrió hacer papas fritas. Las pelamos y todo bien hasta que pusimos el sartén en el fuego de la cocinilla. El fuego no era muy potente - y Vos? - y con el viento nunca hirvió el aceite quedando como resultado las papas cocidas en aceite mas asquerosas que se hayan hecho en el lejano oeste. ¡Putas las cuestiones malas! Mas encima de tanto revolver se hicieron puré. Solución, comerlas con cuchara. Y Gastón revolvía las papas, revolvía las papas……! Si no es por el pan, este compadre se nos muere de hambre!
El último día fue genial. Habíamos dejado encargado a un carnicero un buen trozo de carne para hacerla a la parrilla. Yo cacho que como estaba medio oscuro no vimos que carne compramos, lo que sí puedo dar fe es que la carne que nos vendieron tenía ene grasa y que sacando y sacando, el trozo se hacía cada vez mas chico. Hicimos el fuego, pusimos la parrilla y cual David Coperfiel, vimos como se empezaba a reducir de tamaño delante de nuestras propias narices. Resultado, el trozo que le tocó a cada uno era tan chico , que no daba para colocarlo en un plato, por lo que lo comimos con la mano. Lo bueno fue no tener que lavar platos, aunque haya sido por una noche, ese loco verano.
Mis saludos y cariños a la mamá del Chicho, quien tuvo la paciencia de soportarnos y decirle que puede estar tranquila ya que su hijo es una gran persona y por sobretodo lo recordamos como un gran amigo
Primera anécdota, al poco rato de estar bañándonos, una vieja con los copetes nos perseguía en agua para pegarnos sin razón aparente. De ahí todo tranquilo, una fogata, unas canciones y así se nos fue la noche, pero había un problema. El reglamento, que desconocíamos, decía que uno solo podía meter bulla hasta las 1 AM y nosotros a las 2 AM seguíamos cantando y riéndonos, sin copete ya que ni siquiera tomábamos, aunque cueste creerlo. Un vecino nos gritaba ¡Cállate hombre! Y nosotros poca bola tu you. Llegó la Hora del tuto y a dormir.
Despertamos no muy temprano, preparando nuestro desayuno cuando se presenta el administrador de la Poza junto con las Autoridades policiales, mas conocidos como los Pacos. Un Teniente (supongo que lo era por el Bigote) se nos acerca y dice ¿el Señor García?, Chicho, así como todos nosotros estabamos sorprendidos . El, como sacado de la mejor cuento biblico y teniendo en sus pensamientos al joven Tobías dijo: "Heme aquí señor, yo soy a quien buscáis".El paco al ver la cara del Chicho, mas tiriton que espejo de Micro, dijo "Sr. García, permítame su cedula de identidad". Al ver su fotografía no había duda, era el hombre que buscaban por ser el responsable de nuestro sitio de campìng (y eso que en la foto no estaba de perfil ¡) "tenga la bondad de acompañarnos". "Queda usted detenido por infringir el articulo 6969 ,desordenes en un recinto privado, consumo de estupefacientes e ingesta de alcohol", o sea según el paco teníamos grosa orgía y no nos salvaba ni el Turco ni el Negro Sáez juntos.
Nosotros a la distancia veíamos como el Chicho usaba todo su histrionismo, aleteando cual gaviota antes de emprender un vuelo, para explicarle al paco que todo era un mal entendido.
El paco lo vio y nos vio a nosotros (yo creo que eso lo salvó) y le dijo "Se nota que ustedes son de buenas familias, por lo que no lo llevaré detenido pero por favor sigan la reglas que son para cumplirlas"-¿Dónde había escuchado esa frasecita?
No quedó otra que portarnos bien.
Los almuerzos eran simplemente caóticos. Creo que esos cinco días nuestra alimentación se basaba en comida Italiana, Fideos. Unos días se cocían fideos y se freía un huevo, que era servido "revuelto" porque en ese tiempo no eran comunes los sartenes de teflón y por supuesto que se pegaban. No es bueno quejarse a esta altura de la vida pero nunca recibí en mi plato un huevo como la gente. Si no era huevo, era Salsa. Pero no crean que existía una preocupación por hacer la salsa. No señores, así tal cual se libera del tarro directo al plato. ¡Rico verdad¡ con hambre cualquier cosa era deliciosa. El único que tenía problemas para comer era Gastón ya que mientras nosotros jugábamos a la pelota después de nuestro almuerzo, Gastón trasladaba los fideos de un lado a otro del plato, como queriéndose convencer de cómo éramos capaces a temprana edad de cometer tal atentado culinario.
Pensábamos que todo era alegría y sano esparcimiento cuando ocurrió lo inesperado. Cual escena de Alfred Hitchcock y mientras nosotros estábamos bañándonos, aparecía entre las siluetas de los veraneantes de aquel lugar ¡ La Mamá de Chicho!.
La señora tenía una cara que no la hacia reír ni el sindicato de Tonys y sus primera palabras fueron "¡José Luís ve a buscar tus cosas inmediatamente y nos largamos de aquí ¡" Mierda…, la señora estaba realmente enojada, nosotros no cachabamos nada. Otra vez el Chicho enfrentado a la misma situación, nuevos aleteos y gesticulación como exigiendo alguna explicación de tal extrema medida.
Había que ayudar al Chicho. Mojados todavía nos acercamos donde la Mamá y calmándola un poco, nos contó que la gente de la portería había dicho que nosotros éramos "Los Marihuaneros del sitio 36". ¡Era para espantarse! Si a eso sumamos que fue a ver donde estábamos acampando y presenciar ante sus ojos una dantesca escena.
Cuando almorzábamos dejábamos todo tirado encima de las mesas, sin lavar, lleno de moscas, un monumento al desorden y como guinda de torta, las banderas que flameaban en lo alto de nuestras carpas eran los rollos de papel confort. La escena era para pensar lo peor por cierto.
Hay fuimos todos, mas calientes que la cresta a discutir con el administrador de cómo se le había ocurrido decir semejante tontera. La situación ya la había visto pero ahora era el administrador quien empezaba a aletear y le dio las excusas a la mamá del Chicho , a quien a contar de ese momento ya le había cambiado el color de la piel, pasando ahora a un color diríamos, rosadito sanito. Se fue más tranquila, asegurándole que seríamos más ordenados y que no dejaríamos las cosas tiradas en la mesa. ¡ y cumplimos! Solo que ahora dejábamos todo tirado dentro de las carpas y al agua pato de nuevo.
Una noche se nos ocurrió hacer papas fritas. Las pelamos y todo bien hasta que pusimos el sartén en el fuego de la cocinilla. El fuego no era muy potente - y Vos? - y con el viento nunca hirvió el aceite quedando como resultado las papas cocidas en aceite mas asquerosas que se hayan hecho en el lejano oeste. ¡Putas las cuestiones malas! Mas encima de tanto revolver se hicieron puré. Solución, comerlas con cuchara. Y Gastón revolvía las papas, revolvía las papas……! Si no es por el pan, este compadre se nos muere de hambre!
El último día fue genial. Habíamos dejado encargado a un carnicero un buen trozo de carne para hacerla a la parrilla. Yo cacho que como estaba medio oscuro no vimos que carne compramos, lo que sí puedo dar fe es que la carne que nos vendieron tenía ene grasa y que sacando y sacando, el trozo se hacía cada vez mas chico. Hicimos el fuego, pusimos la parrilla y cual David Coperfiel, vimos como se empezaba a reducir de tamaño delante de nuestras propias narices. Resultado, el trozo que le tocó a cada uno era tan chico , que no daba para colocarlo en un plato, por lo que lo comimos con la mano. Lo bueno fue no tener que lavar platos, aunque haya sido por una noche, ese loco verano.
Mis saludos y cariños a la mamá del Chicho, quien tuvo la paciencia de soportarnos y decirle que puede estar tranquila ya que su hijo es una gran persona y por sobretodo lo recordamos como un gran amigo
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