Siempre que viajaba a la Serena y divisaba
camino a esa hermosa ciudad, el
balneario de “Las Tacas”. Me preguntaba cómo sería el estar unos días en aquel
paradisiaco lugar, donde sus cómodas dependencias y privilegiadas arenas
blancas, lo hacían ver un lugar ideal para un fin de semana de descanso. El
problema era el costo que me significaría el estar allí, ya que forma parte de
aquellos lugares donde sólo la elite puede ser uso de ella. Sin embargo
por alguna cosa del destino pude acceder a ella.
En una decisión nunca antes vista en la
empresa que trabajaba: Sindicato y la Gerencia de RRHH a través del Deportivo de la empresa, se
unieron para darles a sus trabajadores un regalito: Un fin de semana en “Las Tacas”.
El motivo era la realización de las olimpiadas que anualmente se realizaban,
pero nunca en el marco que ahora se daría;
Yo recién casado y mi señora
trabajando en el mismo lugar. Yo entusiasmado por hacer deporte y mi señora sin ningún entusiasmo por ir.
Objetivo: Conseguir el salvoconducto para ir solo. Les juro que nunca antes
había lavado tantos platos y había hecho tantas tareas en mi vida como los días
previos al evento ¡La idea de portarme bien resultó y tenía el permiso que
necesitaba!. Total era por mi bien, ya que practicaría deporte y me ayudaría a
seguir manteniendo mi físico privilegiado.
Durante la semana nos poníamos de acuerdo de
quienes ocuparían las cabañas dispuestos para este magno evento deportivo. Como
había llegado hace poco a la oficina de Valparaíso, no conocía a mucha gente,
pero el grupo que me acogió resulto ser muy simpático. El ambiente durante la
semana hacía sentir que sería muy entretenido.
Llegó el día viernes que debíamos partir. Tres cómodos buses nos
esperaban cerca de nuestra oficina en la Avda. Argentina. Hora de salida 15:30 hrs. Los que íbamos
llegando dejábamos nuestras mochilas en los asientos para dejarlos
“reservados”. Así pasaron varios minutos
y yo me quede conversando con Johnny, quien también seria parte de nuestra cabaña. Mientras conversábamos, veíamos como
un tipo joven, bien vestido y celular en mano subía a los buses y repetía en voz alta - Acá están los buses
esperando a los pasajeros, todo ok, todo ok-
mientras se paseaba por el pasillo del bus y luego bajaba. Un
coordinador de la empresa de buses- decía yo- y no le tomaba mayor interés. Sin
embargo Johnny, quien en vidas pasadas debió haber sido un gran detective,
capto algo extraño y cada vez que El subía, Johnny también. Hasta que por ahí
paso una Paquita en moto y Johnny la hizo parar para que le pidiera la
identificación al “Ejecutivo de la empresa de transportes” contándole que
sospechaba de algo raro. La amiga en su camino accedió y le pidió la
identificación. Al efectuar el control de identidad, este resulto ser lanza
internacional. Llegaron más carabineros y se lo llevaron ya que tenia ordenes
de arresto pendiente. ¿Quién lo iba a decir? ¡Y tan decentito se veía el amigo
de lo ajeno!
Después de este episodio, llego toda la gente
y partimos al lugar donde daríamos rienda suelta a nuestro principal objetivo
que era el de hacer deporte.
Para
que les voy a mentir. La verdad es que llevábamos mas de algún copetito para
pasar las noches, pero por supuesto con la idea fija que nos cuidaríamos ya que
éramos deportistas y había que dejar bien puesto el nombre de la alianza.
Después de más de 6 horas de viaje llegamos a
nuestro destino. Dejamos nuestras cosas en las cabañas asignadas y nos dimos
cuenta que no eran lujosas pero muy confortables. Después supimos que las mejores habían sido
asignadas a gerencias más “pirulas”. -No importa, nosotros venimos a hacer
deporte- nos decíamos como arenga a lo que venía. Después de unos minutos nos
avisaron que la cena estaba lista. ¡Harta buena la cena! Nada que decir, no se
veía pobreza. Después unas actividades por alianzas para que nos fueron
empapando de espíritu deportivo y fraternidad que debía imperar en este gran
encuentro. Todo bien hasta que salió de la nada ese maldito brebaje que ha
hecho estragos cuanto hígado se le atraviesa: El trago. Para colmo de males,
Bar abierto. Debo reconocer que me comporté como un caballero, ya que al otro
día debía hacer deporte a muy temprana hora de la mañana. De ahí nos
encontramos con la elección de Miss piernas. Debo ser honesto al recordar aquel
mito donde se decía que las porteñas eran dueñas de las mejores piernas de
Chile, todo gracias a tanto subir cerros. Al parecer ya no era verdad o
simplemente ahora las damas en cuestión solo toman locomoción colectiva para
llegar a casa. La solución, comer zapallo detrás de la puerta.
Mientras ya existían algunos indicios de
algún bailoteo y pensando que fui inscrito para hacer deporte, me fui temprano
a mi cabaña donde Johnny ya estaba acostado en el living listo para el tuto. La
última cerveza, unas conversaciones y al sobre. La verdad no dio como para “El
secreto de Las Tacas” porque somos muy machitos.
Me aprestaba a
ponerme una ropa más cómoda, para acostarme pero no precisamente para Johnny y me aprestaba a soñar con los angelitos, se sintió a algo parecido a un tumulto de personas que venían
a nuestra cabaña. Abren la puerta y mi corazonada se volvía realidad. Medio
centenar de personas invadían el templo de la reflexión, aquel lugar donde la
sana competencia y el espíritu olímpico imperaban en nuestros corazones.
Al sentir tanto ruido me asomé a ver qué estaba
pasando. En eso veo a Johnny con su frazada en mano diciéndome - Estos
compadres van a hacer una fiesta en la cabaña, así que me voy a vestir para el
bailar un poco ya que con el ruido difícil que pueda dormir- dicho y hecho.
¿Qué dirían Manuel Plaza, Marlene Ahrens y
Alfonso de Iruarrizaga? ¿Qué cosa hubiesen hecho ellos estando en mi lugar.
Dios mío, ¡ilumíname para saber qué debo hacer! Me encontraba realmente
confundido. Ahí estaba yo entre dos alternativas:
1.-
El deporte, esa actividad física que nos ayuda a mantenernos saludables y que
une a la sociedad en una sana competencia.
2.-
Una tomatera, esa actividad que nada ayuda a mantenernos saludables y que solo
une a los allí presentes en una descarada competencia para ver quién toma más y
nos mantiene unidos hasta que aparezca la primera pelea o bien cuando se
termina el copete.
Ustedes no lo van a creer y me da mucha pena
recordarlo, pero opté por la segunda opción. ¡Putas que estaba buena la fiesta!
¡Qué manera de haber alcohol! A la cresta el deporte. Harto copete y
conversación y más de algún baile dio pié a que mi álter ego apareciera
en ese momento. La cuerda me duró hasta que, gracias a un ataque de
responsabilidad, me acordé que había ido a participar de unas olimpiadas de
Deporte, así que buenas noches y a dormir. En realidad buenos días ya que me
acosté como a eso de las 7:00 hrs. A las 8:00 hrs debía estar en pie para ir a
tomar desayuno y luego trasladarnos a jugar tenis.
Bueno la idea era dormir pero no contaba con que el último en haber
llegado a nuestra cabaña, Juanito, un caballero ya entrado en años y que se
supone pondría la cordura en la cabaña, resultó toda una sorpresa ya que nadie
nos contó que el caballero roncaba como él solo, mas aun considerando que chupaba
más que orilla de playa. En resumen, el caballero en cuestión nos dejó a todos
bien molestos ya que ninguno en la pieza pudo cerrar los ojos. Me levanté como
pude y llegué a la cancha. Afortunadamente el día se presentaba nublado, lo que
de alguna forma aminoraba el hachazo propio de una noche como la anterior. Por
donde pasaba, el comentario era el mismo-! La mansa fiesta en la cabaña 26!
Es
decir nuestra cabaña ¡vaya uno a saber cuánta gente habrá ido a ese templo de
la perdición! De hecho ya se pensaba en una segunda patita para la noche y eran
las 9:00 hrs. de la mañana. ¿No será mucho?.
Volvamos al deporte. No di pie con
bola. Si bien estaba en la cancha de tenis a la hora de inicio, cual monje
tibetano mi cuerpo se encontraba en otro lugar y mi mente solo enfocado en un
vaso de tónica bien heladita. Durante la mañana me fui afirmando y aproveché
las canchas para raquetear un poco hasta esperar el almuerzo. Después del
partido jugaba Chile por las clasificatorias
a Alemania, donde jugábamos de visita con Uruguay. Eso debe haber sido
como las 16:00 hrs, por lo que empezamos a tomar desde esa hora más aun cuando
el resultado fue, para variar, adverso. Los que pudimos, aprovechamos de dormir
una pequeña siesta sacrificando la once, sobretodo suponiendo que habían
rumores venía la segunda parte de la mansa fiesta.
Todo bien hasta que por esas cosas del
destino, después de la cena la gente prefirió a la cabaña vecina a la nuestra,
lo cual era un alivio para nosotros ya que así no teníamos que ordenar y
limpiar la cabaña como había ocurrido la noche anterior. Se veía menos gente
que la noche anterior y no eran muchas las cabañas que tenían fiestas. Y era
que no. Aprovechando que la playa era bastante larga, muchas parejas furtivas aprovecharon el
envión para hacer cuanta escalopa en la playa pudieron hacer, entendiendo que
esa era la última noche. Eso lo sabría después como otras tantas cosas.
Me dediqué a conversar y tomar, siempre tranquilo y sereno, como
siempre hasta que cerca de las tres de la madrugada fui a buscar algo a mi
cabaña, cuando veo que del baño sale Juanito, y literalmente en cuadro patas se
fue hasta nuestra pieza. El caballero estaba realmente mal. Me acerqué a ver
qué pasaba y veo que se acostó, sin embargo no alcanzó a sacarse la ropa. De
inmediato empezó a roncar cual serrucho
eléctrico. Toda una alerta por lo cual, y visto que no me dejó dormir a noche
anterior, decidí tomar hasta quedar bien curado, y así no sentiría su
estruendoso sonido bocal.
Ya siendo las cuatro de la mañana y teniendo
en cuenta que soy un hombre de palabra, llegué harto embriagado a la cabaña. Me
cambié ropa y al sobre. El resultado fue terrible. Me encontraba mareado y no había
caso con el ronquido que resultaba ser algo sin solución. No puede dormir y así
estuve hasta cerca de las 8:00 de la mañana Juanito se levantó para ir al baño
que se encontraba junta a nuestra pieza.- ¡Por fin!- Diría yo entendiendo que
ahora podía dormir. Sin embargo Juanito nos tendría más sorpresas.
Cuando Morfeo me abría sus brazos y a lo lejos escuchaba que abría la llave del
agua de la ducha, como claro efecto que iba por mi sueño reponedor, escuchamos
un tremendo Paf! Solo comparado con el sonido de un saco que cae al suelo. El
sonido provenía del baño, por lo que todos los que estábamos en la pieza nos
levantamos rápidamente a ver qué sucedía. Fui el primero en abrir la puerta,
encontrándome con el agua de la ducha que continúa corriendo y mojando el piso,
la cortina de baño rota y en el piso; Juanito desnudo en el suelo, recostado
sobre su espalda y sus pies arriba del
lavamanos. Mientras en el Instituto Sismológico anunciaba que el epicentro se
encontraba en Las Tacas.
-¿Qué
le pasó Juanito?- mis primeras palabras junto al resto que me acompañaba
observando dantesco visión.
-No
me muevan por favor, no me muevan- suplicaba Juanito
Entre
risa y preocupación dejamos que Juanito se mantuviese de esa forma, solo que lo
tapábamos con algo de abrigo para que no se resfriara, aunque si se hubiese
golpeado en la cabeza, lo más probable es que lo hubiésemos tapado con papel de diario. Después de unos
minutos, lo pusimos de pie.
-¿Cómo
se cayó?- Era sin duda una incógnita para nosotros
-
Perdí el equilibrio. Me traté de agarrar de la cortina y caí fuera de la tina.-
comentaba Juanito aun adolorido. Y era
que no, ya que la frágil cortina no pudo aguantar los las de 120 kilos de
Juanito.
Luego de unos minutos logramos poner en pie a
Little John, quien aun medio mareado, mezcla de copete y porrazo en el suelo, mostraba
algunos signos de su mala condición. Mientras se reponía en la cama y lo ayudan
a vestirse, me enteraba que cuando había sido marino había tenido un accidente
y que había sido de tal gravedad que se le había puesto una placa de titanio en
la cabeza, el mismo lugar donde se había azotado en el suelo. En vista de ese
antecedente y que en caso de que no diera aviso y le sucediera algo me hicieran
responsable, se me ocurrió ir a donde se encontraba nuestro Gerente de RRHH,
quien también había tenido un par de días para andar con la amante que tenía en
la empresa. Si el gerente se había portado mal, ¿Qué se podía esperar del
resto?
Bueno, una vez informado de tal situación,
llamaron a una clínica de La Serena para que se lo llevaran y evaluar su
estado. Llegó una ambulancia, y ello daba a conocer a todos los que
participamos de la “Olimpiada” que Juanito se había sacado la mugre. Nosotros
le guardábamos sus cosas en su maleta, donde encontrábamos mas trago y que
tuvimos que esconderlo para que sus jefes no se dieran cuenta que le gustaba
poquito el tandeo.
Ya
siendo el mediodía del domingo,
empezamos a guardar nuestras cosas. Almorzamos y emprendimos rumbo en dirección
a Valparaíso. El camino de vuelta fue muy tranquilo, demasiado diría yo. Una
mezcla de remordimiento y cansancio.
La verdad es que nadie preguntó por los
resultados deportivos, pero si sabíamos el ranking de quien había tomado mas
entre todos: El casi finado Juanito.
Uno a uno íbamos dejando a nuestros compañeros
hasta que llegó nuestro turno. Devuelta en casa, mi señora preguntándome como
había estado “El Evento Deportivo”. Por supuesto que le hablé puras maravillas.
Después con el tiempo le iba dando pildoritas hasta entregar mi reporte
completo de lo ocurrido. Entre lo que le contaba y lo que se enteraba en el
trabajo, quedaba claro que “Sodoma y Gomorra” era un poco menos comparado a lo
vivido en las Tacas. Lo bueno que entendió que tiene un marido ejemplar.
Consecuencias:
1.-
Lo ocurrido llegó a oídos del dueño de la empresa, quien echó al gerente de
RRHH junto con “La que te conté”. Además
despidieron al presidente del Deportivo y su directorio. El presidente
del Sindicato se fue antes que lo echaran.
2.-
Juanito tuvo que permanecer cerca de una semana en observación, teniendo que
pagar todos los gastos clínicos que parece aun está pagando.
3.-
Algunos de mis compañeros estuvieron,
por al menos un par de meses,
inquietos sin saber si serían padres.
4.-
Más de alguna de mis compañeras que se veía tan señorita, quedó con su piel más tersa e hidratada y el pelo más brilloso. De hecho, el día
lunes de vuelta de la olimpiada, se les tuvo que regalar un limón para que
pudieran chupar el jugo y así quitarles la sonrisa.
5.-
Esa fue la última vez que se realizó una olimpiada en la compañía.
6.-
Aumentaron considerablemente las consultas al doctor relacionado con la
cirrosis.
7.-
De todos los que compartimos la Cabaña 26, yo fui el único que quedó vivo. Al
resto se los echó uno a uno en un periodo de dos años.
8.-
El mundo no se acabó el 2012.
9.-
El dueño de la empresa, pechoño como él solo, fue condecorado por el Vaticano,
probablemente porque no tiene descendencia y sabiendo que todo el dinero al
momento de su muerte sería entregado a la iglesia Católica. El fue conocido
por su intervención con la radio KIOTO en un programa de TV y donde tuvo una dulce venganza después de lo
que “Tatan” le había hecho con el tema
del incipiente negocio de las Tarjetas de crédito.
Pero como los chilenos no tienen memoria, aun
así “Tatan” fue elegido presidente. Su deceso se produjo de manera inesperada,
ya que si bien era sesentón, no tenía problemas de salud. Quizás igual le
hubiese dado un infarto al ver cómo su
empresa se fue a pique, conmigo en su interior, la que fue finalmente fue
vendida a otro de los grupos económicos del país.
10.-
Transcurrido más de 10 años de aquella experiencia, hace menos de dos años que
me despidieron de esa empresa porque se terminó el trabajo que yo hacía. Es
verdad que conocí gente espectacular y
de las otras. Agradecido por la experiencia de haber trabajado por tanto tiempo
en ella.
Ya
tengo la fortuna de trabajar en otra empresa donde todo ha sido distinto desde
mi recibimiento. Espero responder a la oportunidad que me han dado. Amén.
11.-
Transcurrido más de 12 años de aquella experiencia, aun sigo lavando platos.

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