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jueves, 29 de diciembre de 2016

La Mansa Fiesta





Siempre que viajaba a la Serena y divisaba camino a esa hermosa ciudad,  el balneario de “Las Tacas”. Me preguntaba cómo sería el estar unos días en aquel paradisiaco lugar, donde sus cómodas dependencias y privilegiadas arenas blancas, lo hacían ver un lugar ideal para un fin de semana de descanso. El problema era el costo que me significaría el estar allí, ya que forma parte de aquellos lugares donde sólo la elite l problema era el costo que me significaria el estar alli, ya que forma parte de aquellos lugares donde solo la ilite puede ser uso de ella. Sin embargo por alguna cosa del destino pude acceder a ella.

En una decisión nunca antes vista en la empresa que trabajaba: Sindicato y la Gerencia de RRHH  a través del Deportivo de la empresa, se unieron para darles a sus trabajadores un regalito: Un fin de semana en “Las Tacas”. El motivo era la realización de las olimpiadas que anualmente se realizaban, pero nunca en el marco que ahora se daría;  Yo recién casado y  mi señora trabajando en el mismo lugar. Yo entusiasmado por hacer deporte  y mi señora sin ningún entusiasmo por ir. Objetivo: Conseguir el salvoconducto para ir solo. Les juro que nunca antes había lavado tantos platos y había hecho tantas tareas en mi vida como los días previos al evento ¡La idea de portarme bien resultó y tenía el permiso que necesitaba!. Total era por mi bien, ya que practicaría deporte y me ayudaría a seguir manteniendo mi físico privilegiado.

Durante la semana nos poníamos de acuerdo de quienes ocuparían las cabañas dispuestos para este magno evento deportivo. Como había llegado hace poco a la oficina de Valparaíso, no conocía a mucha gente, pero el grupo que me acogió resulto ser muy simpático. El ambiente durante la semana hacía sentir que sería muy entretenido.  Llegó el día viernes que debíamos partir. Tres cómodos buses nos esperaban cerca de nuestra oficina en la Avda. Argentina.  Hora de salida 15:30 hrs. Los que íbamos llegando dejábamos nuestras mochilas en los asientos para dejarlos “reservados”.  Así pasaron varios minutos y yo me quede conversando con Johnny, quien también seria parte de nuestra  cabaña. Mientras conversábamos, veíamos como un tipo joven, bien vestido y celular en mano subía a los buses  y repetía en voz alta - Acá están los buses esperando a los pasajeros, todo ok, todo ok-  mientras se paseaba por el pasillo del bus y luego bajaba. Un coordinador de la empresa de buses- decía yo- y no le tomaba mayor interés. Sin embargo Johnny, quien en vidas pasadas debió haber sido un gran detective, capto algo extraño y cada vez que El subía, Johnny también. Hasta que por ahí paso una Paquita en moto y Johnny la hizo parar para que le pidiera la identificación al “Ejecutivo de la empresa de transportes” contándole que sospechaba de algo raro. La amiga en su camino accedió y le pidió la identificación. Al efectuar el control de identidad, este resulto ser lanza internacional. Llegaron más carabineros y se lo llevaron ya que tenia ordenes de arresto pendiente. ¿Quién lo iba a decir? ¡Y tan decentito se veía el amigo de lo ajeno!

Después de este episodio, llego toda la gente y partimos al lugar donde daríamos rienda suelta a nuestro principal objetivo que era el de hacer deporte.

Para que les voy a mentir. La verdad es que llevábamos mas de algún copetito para pasar las noches, pero por supuesto con la idea fija que nos cuidaríamos ya que éramos deportistas y había que dejar bien puesto el nombre de la alianza.

Después de más de 6 horas de viaje llegamos a nuestro destino. Dejamos nuestras cosas en las cabañas asignadas y nos dimos cuenta que no eran lujosas pero muy confortables.  Después supimos que las mejores habían sido asignadas a gerencias más “pirulas”. -No importa, nosotros venimos a hacer deporte- nos decíamos como arenga a lo que venía. Después de unos minutos nos avisaron que la cena estaba lista. ¡Harta buena la cena! Nada que decir, no se veía pobreza. Después unas actividades por alianzas para que nos fueron empapando de espíritu deportivo y fraternidad que debía imperar en este gran encuentro. Todo bien hasta que salió de la nada ese maldito brebaje que ha hecho estragos cuanto hígado se le atraviesa: El trago. Para colmo de males, Bar abierto. Debo reconocer que me comporté como un caballero, ya que al otro día  debía hacer deporte a  muy temprana hora de la mañana. De ahí nos encontramos con la elección de Miss piernas. Debo ser honesto al recordar aquel mito donde se decía que las porteñas eran dueñas de las mejores piernas de Chile, todo gracias a tanto subir cerros. Al parecer ya no era verdad o simplemente ahora las damas en cuestión solo toman locomoción colectiva para llegar a casa. La solución, comer zapallo detrás de la puerta.

Mientras ya existían algunos indicios de algún bailoteo y pensando que fui inscrito para hacer deporte, me fui temprano a mi cabaña donde Johnny ya estaba acostado en el living listo para el tuto. La última cerveza, unas conversaciones y al sobre. La verdad no dio como para “El secreto de Las Tacas” porque somos muy machitos.

Me aprestaba a ponerme una ropa más cómoda, para acostarme pero no precisamente para Johnny y me aprestaba a soñar con los angelitos, se sintió a algo parecido a un tumulto de personas que venían a nuestra cabaña. Abren la puerta y mi corazonada se volvía realidad. Medio centenar de personas invadían el templo de la reflexión, aquel lugar donde la sana competencia y el espíritu olímpico imperaban en nuestros corazones.

Al sentir tanto ruido me asomé a ver qué estaba pasando. En eso veo a Johnny con su frazada en mano diciéndome - Estos compadres van a hacer una fiesta en la cabaña, así que me voy a vestir para el bailar un poco ya que con el ruido difícil que pueda dormir- dicho y hecho.

¿Qué dirían Manuel Plaza, Marlene Ahrens y Alfonso de Iruarrizaga? ¿Qué cosa hubiesen hecho ellos estando en mi lugar. Dios mío, ¡ilumíname para saber qué debo hacer! Me encontraba realmente confundido. Ahí estaba yo entre dos alternativas:

1.- El deporte, esa actividad física que nos ayuda a mantenernos saludables y que une a la sociedad en una sana competencia.

2.- Una tomatera, esa actividad que nada ayuda a mantenernos saludables y que solo une a los allí presentes en una descarada competencia para ver quién toma más y nos mantiene unidos hasta que aparezca la primera pelea o bien cuando se termina el copete.

Ustedes no lo van a creer y me da mucha pena recordarlo, pero opté por la segunda opción. ¡Putas que estaba buena la fiesta! ¡Qué manera de haber alcohol! A la cresta el deporte. Harto copete y conversación y más de algún baile dio pié a que mi  álter ego apareciera en ese momento. La cuerda me duró hasta que, gracias a un ataque de responsabilidad, me acordé que había ido a participar de unas olimpiadas de Deporte, así que buenas noches y a dormir. En realidad buenos días ya que me acosté como a eso de las 7:00 hrs. A las 8:00 hrs debía estar en pie para ir a tomar desayuno y luego trasladarnos a jugar tenis.



Bueno la idea era dormir  pero no contaba con que el último en haber llegado a nuestra cabaña, Juanito, un caballero ya entrado en años y que se supone pondría la cordura en la cabaña, resultó toda una sorpresa ya que nadie nos contó que el caballero roncaba como él solo, mas aun considerando que chupaba más que orilla de playa. En resumen, el caballero en cuestión nos dejó a todos bien molestos ya que ninguno en la pieza pudo cerrar los ojos. Me levanté como pude y llegué a la cancha. Afortunadamente el día se presentaba nublado, lo que de alguna forma aminoraba el hachazo propio de una noche como la anterior. Por donde pasaba, el comentario era el mismo-! La mansa fiesta en la cabaña 26!

Es decir nuestra cabaña ¡vaya uno a saber cuánta gente habrá ido a ese templo de la perdición! De hecho ya se pensaba en una segunda patita para la noche y eran las 9:00 hrs. de la mañana. ¿No será mucho?.
 Volvamos al deporte. No di pie con bola. Si bien estaba en la cancha de tenis a la hora de inicio, cual monje tibetano mi cuerpo se encontraba en otro lugar y mi mente solo enfocado en un vaso de tónica bien heladita. Durante la mañana me fui afirmando y aproveché las canchas para raquetear un poco hasta esperar el almuerzo. Después del partido jugaba Chile por las clasificatorias  a Alemania, donde jugábamos de visita con Uruguay. Eso debe haber sido como las 16:00 hrs, por lo que empezamos a tomar desde esa hora más aun cuando el resultado fue, para variar, adverso. Los que pudimos, aprovechamos de dormir una pequeña siesta sacrificando la once, sobretodo suponiendo que habían rumores venía la segunda parte de la mansa fiesta.

Todo bien hasta que por esas cosas del destino, después de la cena la gente prefirió a la cabaña vecina a la nuestra, lo cual era un alivio para nosotros ya que así no teníamos que ordenar y limpiar la cabaña como había ocurrido la noche anterior. Se veía menos gente que la noche anterior y no eran muchas las cabañas que tenían fiestas. Y era que no. Aprovechando que la playa era bastante larga,  muchas parejas furtivas aprovecharon el envión para hacer cuanta escalopa en la playa pudieron hacer, entendiendo que esa era la última noche. Eso lo sabría después como otras tantas cosas.

Me dediqué a conversar  y tomar, siempre tranquilo y sereno, como siempre hasta que cerca de las tres de la madrugada fui a buscar algo a mi cabaña, cuando veo que del baño sale Juanito, y literalmente en cuadro patas se fue hasta nuestra pieza. El caballero estaba realmente mal. Me acerqué a ver qué pasaba y veo que se acostó, sin embargo no alcanzó a sacarse la ropa. De inmediato  empezó a roncar cual serrucho eléctrico. Toda una alerta por lo cual, y visto que no me dejó dormir a noche anterior, decidí tomar hasta quedar bien curado, y así no sentiría su estruendoso sonido bocal.

Ya siendo las cuatro de la mañana y teniendo en cuenta que soy un hombre de palabra, llegué harto embriagado a la cabaña. Me cambié ropa y al sobre. El resultado fue terrible. Me encontraba mareado y no había caso con el ronquido que resultaba ser algo sin solución. No puede dormir y así estuve hasta cerca de las 8:00 de la mañana Juanito se levantó para ir al baño que se encontraba junta a nuestra pieza.- ¡Por fin!- Diría yo entendiendo que ahora podía dormir. Sin embargo Juanito nos tendría más sorpresas.

Cuando Morfeo me abría sus brazos  y a lo lejos escuchaba que abría la llave del agua de la ducha, como claro efecto que iba por mi sueño reponedor, escuchamos un tremendo Paf! Solo comparado con el sonido de un saco que cae al suelo. El sonido provenía del baño, por lo que todos los que estábamos en la pieza nos levantamos rápidamente a ver qué sucedía. Fui el primero en abrir la puerta, encontrándome con el agua de la ducha que continúa corriendo y mojando el piso, la cortina de baño rota y en el piso; Juanito desnudo en el suelo, recostado sobre su espalda y sus pies arriba  del lavamanos. Mientras en el Instituto Sismológico anunciaba que el epicentro se encontraba en Las Tacas.

-¿Qué le pasó Juanito?- mis primeras palabras junto al resto que me acompañaba observando dantesco visión.

-No me muevan por favor, no me muevan- suplicaba Juanito

Entre risa y preocupación dejamos que Juanito se mantuviese de esa forma, solo que lo tapábamos con algo de abrigo para que no se resfriara, aunque si se hubiese golpeado en la cabeza, lo más probable es que lo hubiésemos  tapado con papel de diario. Después de unos minutos, lo pusimos de pie.

-¿Cómo se cayó?- Era sin duda una incógnita para nosotros

- Perdí el equilibrio. Me traté de agarrar de la cortina y caí fuera de la tina.- comentaba Juanito aun adolorido.  Y era que no, ya que la frágil cortina no pudo aguantar los las de 120 kilos de Juanito.

Luego de unos minutos logramos poner en pie a Little John, quien aun medio mareado, mezcla de copete y porrazo en el suelo, mostraba algunos signos de su mala condición. Mientras se reponía en la cama y lo ayudan a vestirse, me enteraba que cuando había sido marino había tenido un accidente y que había sido de tal gravedad que se le había puesto una placa de titanio en la cabeza, el mismo lugar donde se había azotado en el suelo. En vista de ese antecedente y que en caso de que no diera aviso y le sucediera algo me hicieran responsable, se me ocurrió ir a donde se encontraba nuestro Gerente de RRHH, quien también había tenido un par de días para andar con la amante que tenía en la empresa. Si el gerente se había portado mal, ¿Qué se podía esperar del resto?

Bueno, una vez informado de tal situación, llamaron a una clínica de La Serena para que se lo llevaran y evaluar su estado. Llegó una ambulancia, y ello daba a conocer a todos los que participamos de la “Olimpiada” que Juanito se había sacado la mugre. Nosotros le guardábamos sus cosas en su maleta, donde encontrábamos mas trago y que tuvimos que esconderlo para que sus jefes no se dieran cuenta que le gustaba poquito el tandeo.

Ya siendo  el mediodía del domingo, empezamos a guardar nuestras cosas. Almorzamos y emprendimos rumbo en dirección a Valparaíso. El camino de vuelta fue muy tranquilo, demasiado diría yo. Una mezcla de remordimiento y cansancio.

La verdad es que nadie preguntó por los resultados deportivos, pero si sabíamos el ranking de quien había tomado mas entre todos: El casi finado Juanito.

Uno a uno íbamos dejando a nuestros compañeros hasta que llegó nuestro turno. Devuelta en casa, mi señora preguntándome como había estado “El Evento Deportivo”. Por supuesto que le hablé puras maravillas. Después con el tiempo le iba dando pildoritas hasta entregar mi reporte completo de lo ocurrido. Entre lo que le contaba y lo que se enteraba en el trabajo, quedaba claro que “Sodoma y Gomorra” era un poco menos comparado a lo vivido en las Tacas. Lo bueno que entendió que tiene  un marido ejemplar.

Consecuencias:

1.- Lo ocurrido llegó a oídos del dueño de la empresa, quien echó al gerente de RRHH junto con “La que te conté”. Además  despidieron al presidente del Deportivo y su directorio. El presidente del Sindicato se fue antes que lo echaran.

2.- Juanito tuvo que permanecer cerca de una semana en observación, teniendo que pagar todos los gastos clínicos que parece aun está pagando.

3.- Algunos de mis compañeros estuvieron,  por al menos un par  de meses, inquietos sin saber si serían padres.

4.- Más de alguna de mis compañeras que se veía tan señorita,  quedó con su piel más tersa e hidratada  y el pelo más brilloso. De hecho, el día lunes de vuelta de la olimpiada, se les tuvo que regalar un limón para que pudieran chupar el jugo y así quitarles la sonrisa.

5.- Esa fue la última vez que se realizó una olimpiada en la compañía.

6.- Aumentaron considerablemente las consultas al doctor relacionado con la cirrosis.

7.- De todos los que compartimos la Cabaña 26, yo fui el único que quedó vivo. Al resto se los echó uno a uno en un periodo de dos años.

8.- El mundo no se acabó el 2012.

9.- El dueño de la empresa, pechoño como él solo, fue condecorado por el Vaticano, probablemente porque no tiene descendencia y sabiendo que todo el dinero al momento de su muerte sería entregado a la iglesia Católica. El fue conocido por  su intervención  con la radio KIOTO en un programa de TV  y donde tuvo una dulce venganza después de lo que  “Tatan” le había hecho con el tema del incipiente negocio de las Tarjetas de crédito.

Pero como los chilenos no tienen memoria, aun así “Tatan” fue elegido presidente. Su deceso se produjo de manera inesperada, ya que si bien era sesentón, no tenía problemas de salud. Quizás igual le hubiese dado un infarto al ver  cómo su empresa se fue a pique, conmigo en su interior, la que fue finalmente fue vendida a otro de los grupos económicos del país.

10.- Transcurrido más de 10 años de aquella experiencia, hace menos de dos años que me despidieron de esa empresa porque se terminó el trabajo que yo hacía. Es verdad que conocí gente espectacular  y de las otras. Agradecido por la experiencia de haber trabajado por tanto tiempo en ella.

Ya tengo la fortuna de trabajar en otra empresa donde todo ha sido distinto desde mi recibimiento. Espero responder a la oportunidad que me han dado. Amén.



11.- Transcurrido más de 12 años de aquella experiencia, aun sigo lavando platos.

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