Cursaba 6to básico y era el año que me había
cambiado de colegio. Mis compañeros vivían relativamente cerca del
establecimiento, sin embargo a mi me quedaba bastante lejos. Cualquier
actividad cerca de aquel lugar sería toda una aventura considerando mi corta
edad y la posibilidad de ir solo en locomoción colectiva, lo hacía aun más
arriesgado.
Mis compañeros de curso se habían organizado para
ir un día Sábado al Valparaíso Sporting
Club, un lugar muy conocido para los
viñamarinos, y ahí ocupar su gran espacio verde para jugar futbol.
Haciendo un poco de historia, ésta me indica
que este lugar fue fundado en 1882 y presidido por Jose Francisco Vergara. Desde 1885 que se disputa en aquel lugar la carrera hípica más importante
de la triple corona de Chile como es “El Derby”, siendo ésta la última etapa de
las tres que junto al “St. Legel” y “El Ensayo” conforman esta tripleta. Cada
año, el primer Domingo de febrero y en torno a él se genera el Derby Day, donde los juegos
infantiles y los asados dentro de las canchas interiores hacen de este día, una
tradicional fiesta hípica popular.
Un dato que desconocía era que en 1920 se jugó en esas canchas, el
Campeonato Sudamericano de Futbol, hoy llamado Copa América y del que por fin
fuimos campeones el 2015. En ese sudamericano salió campeón Uruguay, no sin
dejar una gran cantidad de lesionados de todas las nacionalidades en el hoy
Hospital Gustavo Frike.
La verdad es que el
lugar me
resultaba toda una novedad ya que sólo lo conocía por nombre y por saber que allí corrían caballos y nada más.
Yo
entré al lugar por la puerta lateral que está cerca del puente cancha. Mientras
me adentraba veía como algunos caballos eran llevados por personas a pie. Los
animales eran realmente hermosos. Su pelaje era brillante lo que hacía verlos aún
más majestuosos. Esto contrastaba con el hedor a excremento animal que salía de
las caballerizas. Cuando iba avanzando me encuentro con una especie de reja que
separaba el lugar de tránsito peatonal con las pistas de carrera. Al llegar a
ese lugar escucho desde unos parlantes que se encontraban encaramados a unos
pilares junto a la pista:
“Partieron…..Tostao
toma la delantera seguido de Fulminante y Agáchate que vienen los Indios.
Cuarto Palmatoria seguido de Pequeño Demonio. Ultimo Petete.
Van
tomando la primera curva….Fulminante toma la delantera, Agáchate que vienen los
indios segundo relegando a un tercer puesto a Tostao. Cuarto Palmatoria seguido
de Pequeño Demonio. Ultimo Petete”.
Yo sentía el éxtasis de estar en primera fila
para cuando pasaran los caballos mientras el locutor continuaba.
“Sigue
Fulminante a dos cuerpos de Tostao que entra por fuera para dejar en tercera
ubicación a Agáchate que vienen los Indios. Atrás se mantienen las mismas posiciones
a tres cuerpos de distancia.
Mientras
tanto veía como otras personas cruzaban la pista sin mayor temor- ¡estos tipos
deben estar locos! -Decía para mí. -¡Los caballos pueden pasar en cualquier
momento ¡- sin embargo ya sentía algo extraño ya que los caballos se demoraban
mucho en pasar. Mientras tanto el locutor seguía transmitiendo.
“Van
entrando a tierra derecha….La pelea está entre Tostao, Fulminante y Agáchate
que vienen los Indios. Tostao arremete fuerte por los palos, lo sigue muy de
cerca Fulminante, últimos metros Agáchate que vienen los indios tercero,
Fulminante primero, fulminante fácil primero, Fulminante primero segundo Tostao,
Agáchate que vienen los Indios tercero, Petete cuarto, quinto Palmatoria, sexto
Pequeño Demonio…esta ha sido la tercera carrera del Club Hípico de Santiago”
Chuta,
la carrera en Santiago y yo esperando que pasaran los caballos….Obligado a
mirar el reloj como esperando a alguien y así no pasar por gil.
Hasta que llegué hasta las famosas canchas
interiores. ¿Cancha de pasto? De champas querrán decir. Muy parecido a un
potrero pero gratis. A caballo regalado….que se le va a hacer. La verdad es que
jugamos igual por mucho rato hasta que el sol empezó a esconderse. Era el fin
de nuestra pichanga. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos en dirección a la
salida del Sporting. Un poco antes de llegar a ese lugar, uno de mis compañeros
nos dice que se le cayeron las monedas y no tenía dinero para ir devuelta a su
casa. No habiendo celular en esos tiempos, no era posible llamar a sus papas
para los fuese a buscar.
En un acto entre irresponsable y atrevido,
uno de mis compañeros nos dijo- ¡Muchachos pásenme su dinero, yo lo apostaré y
tendremos dinero para pagar el pasaje de Pedro y algo más! Nosotros sabíamos
que el papá de Emilio era dueño de caballos pero a la hora de apostar, eso era
otra cosa. Nosotros un poco dubitativos le entregamos nuestro dinero. Era todo
o nada. Quien más perdía era yo ya que mis compañeros vivían cerca de Sporting,
sin embargo mi única forma de llegar durante el día era en bus.
Emilio nos pidió que lo acompañáramos. Ahí
estábamos los 9 mirando como Emilio entraba a un pequeño local como entre
penumbras, y saludaba a muchos adultos, quienes le correspondían su saludo de
manera muy cariñosa. Se notaba que conocía de caballos. Mientras preguntaba a
varios hombres que tenían en sus manos un cuadernillo con las estadísticas de
los ejemplares que correrían en las próximas carreras, nosotros no entendíamos
las risas que intercambiaban. De pronto, Emilio sale de donde estaban los
apostadores y nos dice- Ya muchachos, en la novena carrera tenemos un caballo
fijo. Las personas que me dieron el dato son amigos de mi papa así que
apostaremos todo el dinero al caballo Aprendiz- Un nombre poco apropiado para
un caballo ganador imaginábamos nosotros.
La carrera sería seguida a través de la radio
desde el Club Hípico de Santiago. Todos atentos para seguirla. De pronto se escuchó
“Partieron….” lo que siguió era irreproducible ya que los parlantes de mimbre
de Chimbarongo hacían imposible saber lo que decía el locutor. Sin embargo los
apostadores allí presentes parecían tener un oído privilegiado ya que a medida
que avanzaba la carrera su compostura iba cambiando y los que estaban sentados,
se paraban y empezaban a soltarse el nudo de la corbata, pero siempre mirando
el cuadernillo. Nosotros a esa altura estábamos entre confundidos y perdidos al
no tener información de nuestra galopante caballo. Fue entonces que escuchamos
la única frase que pudimos entender de todo el ruidoso relato: “Van entrando a
tierra derecha”. Ahí paso a ser como ají en el glúteo para quienes aún
permanecían sentados. Una verdadera explosión de euforia se adueñó de gran
parte de los asistentes, incluido Emilio. Ahí empezaron todos, como
organizados, a hacer golpear sus dedos como si fuera una fusta, quizás con la
idea de que así correrían más rápidos los caballos hasta que terminó la
carrera. Emilio saltó de alegría y se acercó a nosotros compartiendo su alegría
ya que había ganado nuestro caballo. Todos contentos, especialmente yo, ya que
significaba que podía llegar a casa en bus y no
a pie como era el caso de haber perdido. Emilio se dirigió hasta la caja,
volviendo con un montón de dinero en sus
manos. No solo nos alcanzaba para el bus sino que era dinero suficiente para no
pedirle plata a mi papa durante toda una semana. Suerte…yo creo que no, pero
que importaba si habíamos ganado. Ha sido la única vez que he apostado a los
caballos y gané.
No
puedo terminar esta historia sin acordarme de mi querido Tío Nano, al que gustaba de la hípica. Un gran contador de
historias y de quien recibí mucho cariño. Se te extraña viejo querido….
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