Etiquetas

sábado, 31 de diciembre de 2016

Partieron......

Cursaba 6to básico y era el año que me había cambiado de colegio. Mis compañeros vivían relativamente cerca del establecimiento, sin embargo a mi me quedaba bastante lejos. Cualquier actividad cerca de aquel lugar sería toda una aventura considerando mi corta edad y la posibilidad de ir solo en locomoción colectiva, lo hacía aun más arriesgado.
Mis compañeros de curso se habían organizado para ir  un día Sábado al Valparaíso Sporting Club, un lugar muy conocido para  los viñamarinos, y ahí ocupar su gran espacio verde para jugar futbol.
Haciendo un poco de historia, ésta me indica que este lugar fue fundado en 1882 y  presidido por Jose Francisco Vergara. Desde 1885 que se disputa en aquel lugar la carrera hípica más importante de la triple corona de Chile como es “El Derby”, siendo ésta la última etapa de las tres que junto al “St. Legel” y “El Ensayo” conforman esta tripleta. Cada año, el primer Domingo de febrero y en torno a él se genera el Derby Day, donde los juegos infantiles y los asados dentro de las canchas interiores hacen de este día, una tradicional fiesta hípica popular.
Un dato que desconocía era que en 1920 se jugó en esas canchas, el Campeonato Sudamericano de Futbol, hoy llamado Copa América y del que por fin fuimos campeones el 2015. En ese sudamericano salió campeón Uruguay, no sin dejar una gran cantidad de lesionados de todas las nacionalidades en el hoy Hospital Gustavo Frike.
La verdad es que el lugar me resultaba toda una novedad ya que sólo lo conocía por nombre y por saber que  allí corrían caballos y nada más.
Yo entré al lugar por la puerta lateral que está cerca del puente cancha. Mientras me adentraba veía como algunos caballos eran llevados por personas a pie. Los animales eran realmente hermosos. Su pelaje era brillante lo que hacía verlos aún más majestuosos. Esto contrastaba con el hedor a excremento animal que salía de las caballerizas. Cuando iba avanzando me encuentro con una especie de reja que separaba el lugar de tránsito peatonal con las pistas de carrera. Al llegar a ese lugar escucho desde unos parlantes que se encontraban encaramados a unos pilares junto a la pista:
“Partieron…..Tostao toma la delantera seguido de Fulminante y Agáchate que vienen los Indios. Cuarto Palmatoria seguido de Pequeño Demonio. Ultimo Petete.
Van tomando la primera curva….Fulminante toma la delantera, Agáchate que vienen los indios segundo relegando a un tercer puesto a Tostao. Cuarto Palmatoria seguido de Pequeño Demonio. Ultimo Petete”.
 Yo sentía el éxtasis de estar en primera fila para cuando pasaran los caballos mientras el locutor continuaba.
“Sigue Fulminante a dos cuerpos de Tostao que entra por fuera para dejar en tercera ubicación a Agáchate que vienen los Indios. Atrás se mantienen las mismas posiciones a tres cuerpos de distancia.
Mientras tanto veía como otras personas cruzaban la pista sin mayor temor- ¡estos tipos deben estar locos! -Decía para mí. -¡Los caballos pueden pasar en cualquier momento ¡- sin embargo ya sentía algo extraño ya que los caballos se demoraban mucho en pasar. Mientras tanto el locutor seguía transmitiendo.
“Van entrando a tierra derecha….La pelea está entre Tostao, Fulminante y Agáchate que vienen los Indios. Tostao arremete fuerte por los palos, lo sigue muy de cerca Fulminante, últimos metros Agáchate que vienen los indios tercero, Fulminante primero, fulminante fácil primero, Fulminante primero segundo Tostao, Agáchate que vienen los Indios tercero, Petete cuarto, quinto Palmatoria, sexto Pequeño Demonio…esta ha sido la tercera carrera del Club Hípico de Santiago”
Chuta, la carrera en Santiago y yo esperando que pasaran los caballos….Obligado a mirar el reloj como esperando a alguien y así no pasar por gil.
Hasta que llegué hasta las famosas canchas interiores. ¿Cancha de pasto? De champas querrán decir. Muy parecido a un potrero pero gratis. A caballo regalado….que se le va a hacer. La verdad es que jugamos igual por mucho rato hasta que el sol empezó a esconderse. Era el fin de nuestra pichanga. Nos cambiamos de ropa y nos fuimos en dirección a la salida del Sporting. Un poco antes de llegar a ese lugar, uno de mis compañeros nos dice que se le cayeron las monedas y no tenía dinero para ir devuelta a su casa. No habiendo celular en esos tiempos, no era posible llamar a sus papas para los fuese a buscar.
En un acto entre irresponsable y atrevido, uno de mis compañeros nos dijo- ¡Muchachos pásenme su dinero, yo lo apostaré y tendremos dinero para pagar el pasaje de Pedro y algo más! Nosotros sabíamos que el papá de Emilio era dueño de caballos pero a la hora de apostar, eso era otra cosa. Nosotros un poco dubitativos le entregamos nuestro dinero. Era todo o nada. Quien más perdía era yo ya que mis compañeros vivían cerca de Sporting, sin embargo mi única forma de llegar durante el día era en bus.
Emilio nos pidió que lo acompañáramos. Ahí estábamos los 9 mirando como Emilio entraba a un pequeño local como entre penumbras, y saludaba a muchos adultos, quienes le correspondían su saludo de manera muy cariñosa. Se notaba que conocía de caballos. Mientras preguntaba a varios hombres que tenían en sus manos un cuadernillo con las estadísticas de los ejemplares que correrían en las próximas carreras, nosotros no entendíamos las risas que intercambiaban. De pronto, Emilio sale de donde estaban los apostadores y nos dice- Ya muchachos, en la novena carrera tenemos un caballo fijo. Las personas que me dieron el dato son amigos de mi papa así que apostaremos todo el dinero al caballo Aprendiz- Un nombre poco apropiado para un caballo ganador imaginábamos nosotros.
La carrera sería seguida a través de la radio desde el Club Hípico de Santiago. Todos atentos para seguirla. De pronto se escuchó “Partieron….” lo que siguió era irreproducible ya que los parlantes de mimbre de Chimbarongo hacían imposible saber lo que decía el locutor. Sin embargo los apostadores allí presentes parecían tener un oído privilegiado ya que a medida que avanzaba la carrera su compostura iba cambiando y los que estaban sentados, se paraban y empezaban a soltarse el nudo de la corbata, pero siempre mirando el cuadernillo. Nosotros a esa altura estábamos entre confundidos y perdidos al no tener información de nuestra galopante caballo. Fue entonces que escuchamos la única frase que pudimos entender de todo el ruidoso relato: “Van entrando a tierra derecha”. Ahí paso a ser como ají en el glúteo para quienes aún permanecían sentados. Una verdadera explosión de euforia se adueñó de gran parte de los asistentes, incluido Emilio. Ahí empezaron todos, como organizados, a hacer golpear sus dedos como si fuera una fusta, quizás con la idea de que así correrían más rápidos los caballos hasta que terminó la carrera. Emilio saltó de alegría y se acercó a nosotros compartiendo su alegría ya que había ganado nuestro caballo. Todos contentos, especialmente yo, ya que significaba que podía llegar a casa en bus y no  a pie como era el caso de haber perdido. Emilio se dirigió hasta la caja, volviendo  con un montón de dinero en sus manos. No solo nos alcanzaba para el bus sino que era dinero suficiente para no pedirle plata a mi papa durante toda una semana. Suerte…yo creo que no, pero que importaba si habíamos ganado. Ha sido la única vez que he apostado a los caballos y gané.
No puedo terminar esta historia sin acordarme de mi querido Tío Nano, al que  gustaba de la hípica. Un gran contador de historias y de quien recibí mucho cariño.  Se te extraña viejo querido….

No hay comentarios: